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Crítica de "Yiya": Mariano Hueter entre la reconstrucción histórica y la mirada contemporánea

La serie dirigida por Mariano Hueter serie revisita el caso de Yiya Murano desde un dispositivo narrativo de doble temporalidad que combina policial, drama y true crime.

Crítica de "Yiya": Mariano Hueter entre la reconstrucción histórica y la mirada contemporánea
viernes 14 de noviembre de 2025

Yiya (2025), dirigida por Mariano Hueter y escrita por Marcos Carnevale, vuelve sobre el impacto que dejó el caso Murano en la historia criminal argentina. El punto de partida es una de las crónicas incluidas en "Adorables criaturas: crónicas grotescas de ladrones y asesinos", de Rodolfo Palacios, donde se reconstruye el recorrido de Yiya Murano, condenada por el envenenamiento de tres mujeres de su círculo íntimo, interpretadas aquí por Cecilia Dopazo, Laura Novoa y Mónica Antonópulos.

El relato se organiza en cinco episodios y articula dos temporalidades: el pasado, donde se desarrollan los hechos que rodearon los crímenes, y el 2013, donde una Murano anciana revisa su historia ante un periodista. Ese dispositivo permite observar los hechos y, al mismo tiempo, la manera en que fueron relatados, archivados y reinterpretados con el paso del tiempo.

En 1979, con Julieta Zylberberg como Murano, la serie se apoya en códigos del policial negro: interiores reducidos, iluminación baja y una paleta que sugiere vigilancia y encierro. Allí se expone la trama económica que rodea a Murano: pagarés en circulación, compromisos impagos y acuerdos personales que empiezan a desmoronarse, configurando lo que podría leerse como una temprana forma de estafa piramidal. En ese contexto aparece el ritual que organiza cada encuentro con sus víctimas —el té, las masitas y la preparación del veneno— presentado como una mecánica íntima que transforma un gesto cotidiano en el punto de partida de cada muerte.

El 2013, interpretado por Cristina Banegas, propone otro tono visual. Los encuadres son más estables y la luz más limpia, marcando el contraste con la atmósfera del pasado. En ese presente emerge la entrevista con Félix (Pablo Rago), alter ego de Palacios, que introduce la pregunta por la construcción del relato criminal: qué se recuerda, qué se omite y cómo se ensamblan la palabra de la protagonista y los documentos de la causa.

La serie evita clausurar el sentido del caso y desplaza el foco hacia la manera en que un episodio policial se reconstruye con el tiempo. Entre documentos, voces y recuerdos, la palabra de Murano se integra como un fragmento más dentro de un entramado compuesto por expedientes, archivos y crónicas. Ese cruce propone una lectura en la que el caso se percibe menos como un hecho cerrado y más como un relato que sigue en movimiento.

En ese diálogo entre tiempos, materiales y versiones, Yiya se configura como una exploración sobre cómo se narra un crimen y cómo cada capa —judicial, periodística y narrativa— redefine el sentido del caso. Su potencia no radica en resolver el enigma, sino en mostrar la fragilidad de cualquier intento de explicación definitiva.

7.0
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