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Crítica de “Isla Negra”: Jorge Riquelme Serrano transforma el suspenso doméstico en alegoría social
Ambientada en la emblemática localidad costera donde Pablo Neruda tuvo su casa, "Isla Negra" combina el género del home invasion con una lectura crítica sobre el despojo territorial y las tensiones de clase en el Chile contemporáneo.
La Isla Negra, ubicada en la comuna de El Quisco, a pocos kilómetros de Valparaíso, es mucho más que un punto turístico. Es el espacio que Pablo Neruda convirtió en su refugio y que hoy funciona como museo, bautizado así por el color oscuro de las rocas que lo rodean. En ese mismo escenario, Jorge Riquelme Serrano ubica su nueva película, Isla Negra (2024), protagonizada por Alfredo Castro, Paulina Urrutia, José Soza, Gastón Salgado y Marcela Salinas.
La historia sigue a Guillermo (Castro) y su asistente Carmen (Urrutia), que pasan un fin de semana en la casa frente al mar del empresario. Lo que comienza como un retiro apacible pronto se ve alterado por la presencia de un grupo de desconocidos que levanta un campamento precario sobre las rocas cercanas. El contacto inicial —una mujer que pide agua tibia— deriva en una tensión creciente entre la pareja y los forasteros, cuya aparición progresiva desata un suspenso sostenido.
Riquelme utiliza el espacio doméstico como terreno de confrontación. Las dudas del protagonista, el ingreso de los visitantes y la llegada de un anciano enfermo transforman lo cotidiano en un territorio de sospecha. Lo que parece un relato sobre invasión del hogar evoluciona hacia una reflexión política sobre la propiedad, el despojo y las herencias coloniales. El punto de giro revela que los intrusos son antiguos habitantes del lugar, expulsados por la misma inmobiliaria que Guillermo representa.
El director —también autor del guion— subvierte las convenciones del home invasion, un subgénero que remite a The Lonely Villa (1909) de D. W. Griffith y que ha tenido exponentes como Cuando un extraño llama (Fred Walton, 1979), Funny Games (Michael Haneke, 1997) o La noche violenta (José María Fernández Unsáin, 1970). Sin embargo, en Isla Negra, la violencia física se reemplaza por una tensión ética y política: ¿quién invade a quién?
La película, presentada en el Festival de Cine de Huelva, confirma el control narrativo de Riquelme Serrano, ya visible en Algunas bestias (2019) y Tráiganme la cabeza de la mujer metralleta (2023). A través de planos sostenidos, silencios prolongados y una puesta que convierte el paisaje en metáfora del aislamiento y la desigualdad, Isla Negra se consolida como una de las obras más incisivas del cine iberoamericano actual.