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Crítica de “Criollos”: Matías Tamborenea y el béisbol como refugio migrante
El documental de Matías Tamborenea sigue a un grupo de venezolanos que, desde un equipo amateur de béisbol, construyen comunidad y pertenencia en Argentina.
Criollos (2025), ópera prima de Matías Tamborenea, sigue la historia de Julio Briceño, fundador del equipo amateur de béisbol que da nombre al film. En un país donde ese deporte casi no tiene presencia, el grupo se convierte en un emblema de la migración venezolana y en una metáfora del desarraigo. A través de sus prácticas, vínculos y celebraciones, el documental observa cómo quienes debieron partir reinventan la idea de hogar en territorio ajeno.
Tamborenea narra desde la observación cercana, sin dramatismos ni artificios. La cámara se detiene en gestos y conversaciones cotidianas, más interesada en registrar la construcción de comunidad que en destacar logros deportivos. La pérdida del estadio, eje simbólico del relato, condensa la incertidumbre y la resiliencia de quienes deben volver a empezar una y otra vez.
El film combina fragmentos de entrenamiento, entrevistas y escenas íntimas con un montaje que busca equilibrio entre la emoción y la distancia reflexiva. Aun con cierta irregularidad narrativa, su potencia surge del registro genuino y del modo en que capta la dimensión colectiva del exilio. Tamborenea entiende al béisbol no como un fin, sino como un lenguaje compartido que sostiene la pertenencia.
Criollos se presenta como una reflexión sobre el acto de habitar y sobre las formas en que la migración redefine la identidad. Su valor radica en la mirada empática del director y en la fuerza coral de sus protagonistas, capaces de hacer de un campo de juego un territorio posible.