Gaumont
Crítica de "Boletín interno": Meri Franco Mao y los bordes difusos de la revolución
"Boletín Interno", de Meri Franco Mao, reconstruye desde el archivo íntimo y político la historia de Osvaldo, su padre y exdirigente del Partido Obrero, expulsado por violencia de género. En el cruce entre testimonio, indagación personal y exploración generacional, el film revisa las tensiones que emergen cuando las historias íntimas entran en fricción con los relatos construidos en torno a la militancia y la pertenencia política.
Premiada en el FestiFreak, Boletín Interno (2024) se configura como un ensayo audiovisual que entrelaza archivo político, memoria personal y conflicto de género. El detonante es la expulsión de Osvaldo, figura destacada del Partido Obrero, luego de una denuncia por agresiones físicas y simbólicas hacia su entonces pareja —la madre del realizador— en 1992. Lejos de agotarse en ese episodio, el documental activa una búsqueda más amplia: la reorganización de afectos, verdades silenciadas y formas de militancia a partir del archivo doméstico.
A diferencia de otros relatos ligados al cine militante, Boletín Interno propone un testimonio que se aleja de las estructuras convencionales. No recurre a entrevistas en clave institucional, sino que ensaya una narración sensorial y experimental. Franco Mao digitaliza materiales del archivo partidario, retoma la historia con su padre —ya enfermo y en declive— y centra la mirada en las mujeres de su familia. A través de ese gesto, rescata voces que durante años fueron acalladas dentro de espacios políticos donde la retórica igualitaria convivía con lógicas profundamente heteropatriarcales.
Más que una denuncia puntual o un ajuste de cuentas, el documental construye una tesis incómoda. No se trata solo de señalar a Osvaldo, sino de visibilizar una masculinidad encarnada en prácticas abusivas sostenidas por estructuras militantes. El film no busca redimir ni condenar, sino abrir preguntas sobre los vínculos posibles entre generaciones marcadas por distintas formas de violencia estructural, por el legado contradictorio de las izquierdas y por los silencios que persisten en los espacios que aún se presentan como transformadores.