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Crítica de "BitterSweet": Steven Martini en una comedia sobre la burocracia estatal y el autismo
El debut en la dirección del actor y músico Steven Martini ("Lymelife"), "BitterSweet", es una sátira desbocada que aborda la ineficacia del sistema estatal para manejar casos de neurodivergencia.
BitterSweet (2025) arranca con una serie de infortunios para su protagonista. Basada en hechos reales, la trama sumerge a Sam (Steven Martini) en uno de los peores días de su vida, donde todo parece ir de mal en peor. Trabajando desde casa, sufre un corte de internet justo cuando debe enviar un archivo importante, mientras cuida de su bebé y espera la llegada de su esposa Gigi (Gabriela Kulaif) y la empresa de gas. El caos se desata y es encontrado por la policía disfrazado y semi desnudo. Lejos de interpretar la situación como un juego conyugal, las autoridades lo perciben como una amenaza familiar y lo arrestan.
El protagonista se enfrenta a una orden de restricción que complica aún más su relación con su familia. La situación recuerda a Un día de furia (Falling Down, 1993) pero en clave de comedia de enredos, con el personaje buscando erráticamente cómo acercarse a su esposa y a su bebé.
BitterSweet es una sátira desenfadada que critica la incapacidad del sistema judicial para discernir los matices de las situaciones domésticas. El protagonista es acusado de masculinidad tóxica por una justicia mayoritariamente que lo sentencia antes de escuchar sus argumentos.
En la segunda mitad de la película, irrumpe el abogado interpretado por William Baldwin, el menor de los hermanos Baldwin. Su personaje, misógino y violento, con un séquito de hombres que alaban sus dichos, es sin duda lo mejor de la película, aportando un contrapunto hilarante y perspicaz.
Steven Martini maneja un tono de comedia histriónica que recuerda a Nicolas Cage en sus papeles más desmedidos de perdedores en caída libre, o a un Jim Carrey en estado de gracia. La comedia funciona gracias a la descripción por momentos absurda, por momentos patética, de los funcionarios públicos. Un retrato hilarante que consigue mantener el ritmo y el humor.
Estamos ante una producción independiente que oscila entre el humor negro y el absurdo, con algunos altibajos. Sin embargo, BitterSweet alcanza su punto más alto al criticar a un sistema estatal de protección familiar en crisis, que tiende a simplificar conflictos y a presentarlos de manera esquemática a la opinión pública, sin indagar en sus complejidades.