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Crítica de "La vida de a ratos": Javier Lombardo y un testimonio en primera persona sobre la vida con Parkinson
El actor de “Historias mínimas” redefine su camino tras un diagnóstico de Parkinson, en una reflexión sobre el impacto de la enfermedad en su vida, profesión, y el entorno familiar.
La directora y guionista Bernarda Pagés y el actor Javier Lombardo (Historias mínimas y El peor día de mi vida, entre otras) nos sumergen en un relato íntimo y reflexivo sobre el destino, la resiliencia y la transformación personal.
La vida de a ratos (2025) es un espejo de la condición humana, una ventana a la vida de Javier Lombardo, un actor cuya trayectoria profesional se vio alterada por el Parkinson. El documental explora los cambios que la enfermedad trajo a su vida y cómo, a través de un proceso introspectivo y el apoyo de su entorno, ha logrado reinterpretar su pasado y presente.
La película se construye a partir del propio testimonio de Lombardo, quien, con una honestidad desarmante, guía al espectador a través de sus recuerdos y vivencias actuales. Este relato documental celebra la capacidad de adaptación y la fuerza del espíritu humano. Las conversaciones con su entorno familiar ofrecen múltiples perspectivas sobre la dinámica familiar y las emociones involucradas.
El uso de imágenes de archivo, que entrelazan el pasado de Lombardo con su presente, no solo ilustra los cambios físicos, sino que también sirve como catalizador. La película reflexiona sobre el paso del tiempo, la evolución del cuerpo y la mente, y cómo estos elementos dan forma a la identidad de una persona que vive con Parkinson. Un registro testimonial sobre el camino y los aspectos que cambian con la enfermedad.
La vida de a ratos se erige como un relato emotivo y directo, centrado en la figura de su protagonista. La película transciende la mera descripción de una enfermedad para convertirse en un testimonio de vida, una mirada personal que explora la relación con el entorno familiar y las profundas emociones que surgen ante la adversidad. La propuesta logra un equilibrio entre la información y la sensibilidad, dejando una huella duradera en el espectador.