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Crítica de "Capitán América: Un nuevo mundo": La fórmula repetida de Marvel ataca de nuevo
Marvel sigue atrapado en su propio loop. "Capitán América: Un nuevo mundo" es la prueba irrefutable de que el UCM ya no busca innovar ni sorprender, sino reciclar y sostenerse con los mismos elementos de siempre.
No importa cuántos fracasos haya tenido Marvel en su búsqueda de nuevas historias, lo cierto es que decidieron volver a la fórmula original, esa que, aunque desgastada, sigue generando números. Porque al final del día, lo que importa es que la maquinaria siga funcionando, aunque ya no emocione como antes.
En Capitán América: Un nuevo mundo (Captain America: Brave New World, 2025), el peso de la responsabilidad recae sobre Sam Wilson, papel interpretado por Anthony Mackie, quien hereda el manto del Capitán América tras el retiro de Steve Rogers. Pero esa carga no se traduce en un arco narrativo interesante, sino en una repetición de las mismas ideas que ya vimos antes, con la única diferencia de que ahora se recalca aún más la importancia de la identidad de Wilson como símbolo político. Y ahí es donde la película intenta jugar su única carta novedosa: el comentario político, que queda a mitad de camino entre lo superficial y lo innecesariamente recargado. Porque si bien el cine de superhéroes puede –y debe– abordar temas sociales, cuando se hace de manera tan obvia y forzada, el impacto se diluye.
El guión es la mayor debilidad de la película. La sobre explicación es constante, como si temieran que no entendiéramos lo que está en juego. Cada diálogo parece diseñado para recordarte una y otra vez que Sam no es Steve, que el mundo cambió, que los tiempos son otros. Pero nada de esto se traduce en una verdadera evolución de personajes. Mackie cumple, pero no brilla, en parte porque su versión del Capitán América no tiene grandes momentos que lo definan. La trama quiere vendernos el conflicto interno de Wilson, pero lo hace con pinceladas tan obvias que pierde matices. Y su compañero, Joaquín Torres, interpretado por Danny Ramirez, queda relegado a ser el alivio cómico de turno, un personaje que apenas tiene desarrollo más allá de cumplir su función de sidekick.
En términos visuales, la dirección de Julius Onah es de lo más genérica que ha entregado Marvel en los últimos años. No hay una verdadera identidad en la puesta en escena, todo se siente como una extensión de lo que ya hemos visto en otras entregas. Los planos están ahí para cumplir su función, sin riesgos, sin personalidad. En este aspecto, la película recuerda a los productos más olvidables de la franquicia, como Ant-Man y la Avispa: Quantumanía (Ant-Man and the Wasp: Quantumania, 2023) o Black Widow (2021): películas hechas con piloto automático, donde lo funcional reemplaza a lo inspirador.
Si hay algo que se mantiene firme es la acción. Es lo mínimo que se espera de una producción de este calibre, y al menos en este apartado cumple. Hay secuencias bien coreografiadas, con un buen uso de los efectos visuales y momentos de tensión efectiva. Pero tampoco es que haga nada revolucionario: son escenas bien ejecutadas, sí, pero que no sorprenden ni elevan la película. Y cuando el resto del film se siente pesado y carente de emoción, ni siquiera las mejores peleas pueden salvarlo de lo tedioso.
El problema de Capitán América: Un nuevo mundo no es que sea un desastre absoluto, sino que es más de lo mismo. Un producto que existe porque Marvel no puede permitirse parar, porque necesita mantener la rueda girando, aunque eso signifique entregarnos historias sin alma. Si Avengers: Endgame (2019) marcó el final de una era dorada, lo que vino después fue un declive progresivo donde cada película se siente más como un trámite que como un evento. Y esta no es la excepción.