Gaumont
Crítica de "El cisne equivocado": Bernardo Kehoe y el arte de reinventarse tras la exclusión
El documental "El cisne equivocado" reconstruye la vida del artista tucumano Bernardo Kehoe, atravesada por la censura, el exilio y la búsqueda incesante de libertad creativa. Una mirada íntima sobre su legado multidisciplinario y el pulso de una generación post dictadura.
¿Qué queda de un artista cuando la historia se empeña en silenciarlo? El documental El cisne equivocado (2023), dirigido por Lucila Frank y Andrea Morasso, propone una respuesta a través del retrato de Bernardo Kehoe, un pintor, performer y cantante tucumano que supo reinventarse en el margen. No es sólo la historia de un hombre, sino de una época: la de los primeros años de la democracia argentina, cuando el país aún no sabía cómo lidiar con lo que había callado.
En una Buenos Aires que lo recibió entre la desconfianza y el anonimato, Kehoe reconstruyó su universo simbólico con los fragmentos que pudo salvar de su Tucumán natal, donde ser gay y artista equivalía a una sentencia de invisibilidad.
Kehoe no solo pintó para sobrevivir, sino para desafiar. Su obra, cargada de mujeres imposibles, samuráis imaginarios, geishas de trazo expresionista y criaturas de un teatro íntimo, escapa al realismo para fundirse en una cosmovisión donde el cuerpo y la máscara son inseparables. En sus performances, la tela no se cuelga: se habita.
El cisne equivocado no lo explica, lo acompaña. Durante más de una década de rodaje, la cámara de Frank y Morasso construye una intimidad sin morbo, donde el artista se vuelve guía, médium y oráculo. El documental permite que Kehoe nos lleve de la mano por los recovecos de su casa taller —su escenario vital— y que revele las cicatrices que le dejó la historia. Cada pincelada es también un gesto político.
La excusa narrativa del film es una retrospectiva celebrada en una sala reconocida, donde Kehoe reencuentra a sus criaturas en una gran performance final. Pero el verdadero clímax está en el modo en que el documental reconstruye su trayectoria como artista total: pintor, actor, cantante, docente, escenógrafo, poeta. Cada faceta es una trinchera. Su arte, una forma de decir: “estoy acá, aunque no me hayan querido”.
El cisne equivocado se inscribe con naturalidad en la tradición del cine testimonial queer latinoamericano, pero no se limita a ser un ejercicio de memoria: es, ante todo, un manifiesto sobre la potencia del deseo como impulso vital y creativo. Anclado en los debates contemporáneos sobre identidad, cuerpo y representación, el documental transforma la biografía en alegoría. Donde otros vieron exceso o marginalidad, Kehoe cultivó libertad y belleza insurrecta. Su vuelo —errático, sí, pero constante— desafía los límites impuestos por la norma. Su poética no busca la lágrima fácil: apuesta, en cambio, por una reflexión que perdura, que incomoda, que transforma.