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Crítica de "Misericordia": Alain Guiraudie y una contundente invitación a observar con ojos nuevos

El francés Alain Guiraudie ("El desconocido del lago") combina con maestría el drama, el humor y el policial en una película sobre el deseo, el perdón y la hipocresía que desafía al espectador.

jueves 24 de abril de 2025

Misericordia (Miséricorde, 2024), escrita y dirigida por Alain Guiraudie, se estrenó en la sección Cannes Premiere del Festival de Cannes de 2024, donde compitió por la Queer Palm, y desde su estreno cosechó nominaciones y premios, obteniendo entre ellos el otorgado por Cahiers du cinéma a la mejor película del 2024.

Jérémie (Félix Kysyl) regresa luego de muchos años a Saint-Martial, su pueblo natal, para asistir al funeral de Jean-Pierre, el panadero del pueblo. Luego del entierro, Martine (Catherine Frot), la viuda, lo convence de quedarse a pasar la noche en su casa. A partir de este fortuito suceso comenzarán a suscitarse eventos en torno a Jérémie, algunos de ellos tan azarosos como el inicial, y otros que cargan con el peso de una historia, ya sea esta personal o local: entre estos eventos, un crimen.

El guión de Misericordia va tejiendo con sutileza una urdimbre en la que se cruzan el drama, el thriller y un humor negro que por momentos linda con el absurdo. Interpretada por un puñado de actores, la película retrata con una pulcra fotografía tanto el bosque como la intrincada naturaleza de los vínculos humanos en ese pequeño pueblo en la región de Occitania en el que Jérémie se fue quedando un poco por inercia y otro poco por el devenir de las circunstancias.

En el film, cuyo conflicto vecinal nos recuerda a As bestas (Rodrigo Sorogoyen, 2022), podemos reconocer múltiples inspiraciones: el estilo de la dirección de actores nos remite al cine de Robert Bresson, el retrato de la religión abreva del cine de Buñuel, la vida de pueblo y el abordaje del deseo evoca el cine de Almodóvar.

Sin embargo, la mirada de Guiraudie es fresca y provocadora, principalmente en tanto fuerza a los espectadores a observar de manera desprejuiciada el devenir del deseo sexual, que toma en esta película diferentes formas: ninguna de ellas es la definitiva, ninguna de ellas es enjuiciable. El tinte religioso abonado por el título de la película es asimismo reinterpretado por Guiraudie. Es Jérémie quien siente culpa, y el cura del pueblo quien lo invita (y, a la vez, invita a los espectadores) a repensarse: el mundo en el que vivimos emite juicios morales hipócritas. La comicidad que atraviesa la película (ejemplificada por la capacidad que tiene el gendarme de entrar a los hogares sin previo aviso) contribuye a despolarizar los conceptos del mal y el bien en torno al crimen ocurrido.

Misericordia es una película sobre el deseo, el perdón, la violencia contenida y las rupturas sociales de la contemporaneidad, cuya ambigua propuesta es una contundente invitación a ver la realidad con ojos nuevos.

8.0
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