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Crítica de “Nuestro Reino”: cine y neurodiversidad desde la mirada de un joven director

El cortometraje de Maximiliano Wurzel construye un puente entre la experiencia personal y la ficción, combinando animación y acción real para repensar la representación del autismo en el audiovisual argentino. Una obra breve con vocación transformadora que apuesta por naturalizar la neurodivergencia en los medios masivos.

lunes 21 de abril de 2025

A primera vista, Nuestro Reino (2024) podría leerse como una pieza más en la creciente producción de contenidos que intentan poner en agenda la diversidad. Sin embargo, el debut cinematográfico de Maximiliano Wurzel se distingue por el modo en que entrelaza experiencia personal, lenguaje cinematográfico y mirada crítica sobre los modelos tradicionales de representación.

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El cortometraje, de apenas 15 minutos, combina escenas de acción real con animación 3D, técnica que le permite explorar con libertad la subjetividad del protagonista. Maxi, un joven con autismo, revisita episodios fundamentales de su infancia desde el presente, guiado por la figura de su maestra Laura. Ese regreso al pasado no se plantea como una reconstrucción nostálgica, sino como una oportunidad para comprender el modo en que el lenguaje, el entorno y los vínculos afectivos construyen la percepción de la realidad.

La apuesta de Wurzel es arriesgada en tanto decide no anclar el relato únicamente en el diagnóstico, sino en el universo emocional del personaje. El guion evita caer en lugares comunes, como la victimización o el heroísmo forzado, para concentrarse en cómo las relaciones humanas moldean las formas de habitar el mundo. Es ahí donde el vínculo con Laura (Laura Novoa) cobra relevancia, no como una figura tutelar, sino como mediadora empática de un proceso interno.

El elenco, que incluye también a Valentina Bassi y Paula Morales, acompaña con solvencia una estructura narrativa que alterna lo real y lo animado sin perder coherencia ni fluidez. La inclusión de la animación no funciona como artificio estético, sino como recurso expresivo para traducir lo que las palabras muchas veces no logran: el mundo sensorial de una mente neurodivergente.

El corto se ubica, así, en la intersección entre el testimonio personal y el relato colectivo, entre la memoria íntima y el discurso cultural. Más allá de su duración breve, Nuestro Reino instala preguntas que resuenan más allá del formato: ¿cómo se representa la neurodiversidad en los medios? ¿Qué lugar ocupa el deseo, la sensibilidad y la creatividad en esos cuerpos considerados “otros”?

7.0
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