Cine, religión y poder
El Papa Francisco en pantalla: entre la devoción ficcional y la propaganda piadosa
La figura del Papa Francisco ha sido abordada por cineastas como Wim Wenders, Fernando Meirelles y Daniele Luchetti. Entre documentales hagiográficos y ficciones indulgentes, el pontífice que falleció este lunes 21 de abril se conviertió en icono pop y herramienta política.
Desde su elección en 2013, el Papa Francisco se convirtió en el pontífice más retratado del siglo XXI. No tanto por sus reformas sino por su carisma mediático, su origen argentino y su voluntad de aggiornamento vaticano. Desde la hagiografía directa hasta el duelo ideológico ficcional, el Papa argentino ha sido personaje central de películas y series con pretensión humanista pero función institucional.
"Francisco: el padre Jorge”: beatificación en vida
La primera incursión cinematográfica sobre Jorge Mario Bergoglio fue una decisión de producción más piadosa que artística. Dirigida por Beda Docampo Feijóo, Francisco: el padre Jorge (2015) adapta el libro de Elisabetta Piqué y construye un retrato indulgente del hombre que llegó al Vaticano. Darío Grandinetti ofrece una interpretación formal, correcta y sin riesgo. A pesar de haber contado con la venia papal, la película fue un fracaso crítico, acusada de simplificar la complejidad política y espiritual del personaje en favor de una estética de postal.
“Llámame Francisco”: Netflix al servicio de Dios
La miniserie Llámame Francisco (2016), producida por Pietro Valsecchi y dirigida por Daniele Luchetti, intenta un abordaje más narrativo. Rodrigo de la Serna, en un casting más verosímil, recorre los momentos clave del futuro pontífice: sus años en la dictadura militar, su rol como arzobispo y su sorpresiva elección como Papa. A pesar de su despliegue internacional y su estreno en el mismísimo Vaticano, la serie evita toda ambigüedad y consolida un retrato didáctico, moralizante y superficial, ideal para el consumo familiar en Netflix, pero distante de toda exploración crítica.
“Los dos papas”: duelo escénico de altos vuelos
Los dos papas (Netflix, 2019), dirigida por Fernando Meirelles, con guion de Anthony McCarten, es la única que se permite especular, fabular y confrontar visiones. El cardenal Bergoglio de Jonathan Pryce y el Benedicto XVI de Anthony Hopkins protagonizan un diálogo ficcional sobre el pasado, la culpa y el futuro de la Iglesia. Aun con su tono conciliador y edulcorado, la película destaca por su construcción dramática, su fotografía y una actuación que trasciende el parecido físico. Fue nominada al Oscar y permanece como la producción más ambiciosa sobre Francisco, aunque no sea biográfica en el sentido estricto.
Un enfoque más irreverente se ve en el corto Viaje al fin de la noche (Voyage au bout de la nuit), de Paolo Sorrentino, y parte de la antología Hecho en casa (Homemade, 2020), realizada durante la pandemia. Utilizando muñecos animados, el director imagina un encuentro insólito entre el Papa Francisco y la Reina Isabel II en pleno Vaticano. Con humor absurdo, puesta minimalista y diálogo improvisado, la pieza se convierte en una sátira suave pero efectiva sobre el aislamiento, el poder y la incomunicación global.
Documentales: del testimonio a la devoción
En el terreno documental, el Papa Francisco ha sido presentado como guía espiritual, líder global y referente moral. Desde El Papa Francisco: un hombre de palabra de Wim Wenders hasta Francesco de Evgeny Afineevsky, pasando por Amen: Francisco responde (dirigido por Évole y Sánchez y disponible en Disney+), In Viaggio, viajando con el Papa Francisco, de Gianfranco Rosi y Francisco de Buenos Aires, de Miguel Rodríguez Arias, la mayoría de estas obras eluden la investigación periodística o la mirada política, privilegiando la estética de la bondad y el testimonio como herramienta de legitimación.
El conclave, el vacío y la farsa
Si bien no abordan directamente la vida de Jorge Mario Bergoglio, dos ficciones recientes se sumergen en las estructuras de poder del Vaticano y proponen posibles futuros para la institución. Conclave (2024, Prime Video) es un thriller político sobre la elección de un nuevo Papa, sin nombres propios pero con claras referencias al presente. La película expone las intrigas, los pactos secretos y las tensiones internas entre cardenales, apostando por el thriller religioso y el suspenso más que por la verosimilitud. Una mirada oblicua que vale más por lo que sugiere que por lo que muestra.
En cambio, Habemus Papa (2011, Prime Video), dirigida por Nanni Moretti, imagina el escenario opuesto: un Papa recién electo que entra en crisis y se niega a asumir su función. Con un tono de comedia melancólica, la película se convierte en una aguda reflexión sobre el peso simbólico del poder, las expectativas sociales y la fragilidad humana. Aunque no menciona a Francisco, es tal vez la obra más lúcida —y menos solemne— sobre el rol papal en tiempos contemporáneos.
Una figura moldeada por la industria
El cine y el streaming global transformaron al Papa Francisco en un personaje pop, familiar e idealizado. Pero en esa operación también lo convirtieron en un producto blando, diseñado para el consumo masivo. Las ficciones y documentales disponibles evitan cuidadosamente su pasado conflictivo: su rol durante la última dictadura argentina, su cercanía con sectores conservadores o sus respuestas ambiguas frente a los abusos sexuales dentro de la Iglesia. Temas como los derechos de las disidencias sexuales o el aborto legal son apenas sugeridos o directamente omitidos.
El marketing de la misericordia reemplazó al conflicto. En lugar de retratar sus contradicciones, las películas privilegian la compasión, el diálogo y el perfil carismático. Así, la industria audiovisual no solo canonizó a Francisco, sino que lo esterilizó simbólicamente, desactivando todo potencial crítico. En la pantalla, su figura unifica. En la vida real, aún divide.