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Crítica de “Un completo desconocido”: Timothée Chalamet en una biopic sobre los inicios de Bob Dylan
"Un completo desconocido", ambientado en la década del sesenta, se centra en los inicios del cantautor y en cómo produjo una revolución en la música folk que lo llevó a alcanzar el éxito.
Un completo desconocido (A Complete Unknown, 2024) dirigida por James Mangold -Johnny & June: pasión y locura, Tierra de policías, Inocencia interrumpida, Logan, Contra lo imposible, Indiana Jones y el dial del destino, entre otras-, quien escribió el guión junto a Jay Cocks, basándose en el libro Dylan Goes Electric! Newport, Seeger, Dylan and the Night That Split the Sixties (2015), de Elijah Wald. El relato inicia con un joven Bob Dylan de 19 años -interpretado de forma austera por Timothée Chalamet (quien se encuentra nominado a los próximos premios Oscar como Mejor Actor Protagónico)- que arriba a la ciudad de New York desprovisto de elementos, sólo posee un bolso y su guitarra, pero está lleno de ambición y talento.
La narración se centra en un periodo específico y acotado de la vida del cantante, músico y compositor, que va desde 1961 hasta 1965. Pues el objetivo de esta película biográfica es mostrar el crecimiento artístico de Dylan en la música Folk y cómo él no temía en cambiar de estilo, ni ambiente y cómo le molestaba ser encasillado en una corriente o género musical. En consecuencia, el relato esboza el desarrollo de la personalidad y el talento artístico de un joven Dylan, con muchas influencias, pero por sobre todo con muchas ideas propias, que lo llevaron a oscilar del folk al rock al incluir los instrumentos eléctricos, a partir de 1965. Lo cual no sólo implicaba un cambio en su carácter, sino también en su aspecto y look. En este sentido, Mangold muestra muy bien el desarrollo del estatuto del personaje y esa especie de “declaración de independencia” (en palabras de Elijah Wald) que controversialmente logró establecer en el Newport Folk Festival (1965). Es evidente que el título del largometraje deriva del estribillo de una de las canciones más exitosas de Dylan "Like a Rolling Stone", de ese mismo año.
Uno de los mayores aciertos del filme es su precisa ambientación de época -la dirección de arte realizada detalladamente por François Audouy- la cual en conjunto con los diálogos logran reproducir y generar el clima de época. En este sentido, la ciudad de New York y su vibrante cultura se vuelven también protagonistas de esta historia que logra representar la ideología de una época, la protesta social y la contracultura emergente. También se destaca en ella la dirección de fotografía a cargo de Phedon Papamichael, ambos trabajaron con el director en reiteradas ocasiones.
Obviamente el filme condensa los hechos con un buen poder de síntesis, aunque algunas irrelevantes inexactitudes molestaron a los fanáticos. La narración decide centrarse en pocos personajes, aunque sí es cuestionable que se haya excluido la figura del músico folk Ramblin´ Jack Elliot, quien sí aparece en el reciente documental Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese (2019), donde ambos músicos hablan de su vínculo artístico. Un completo desconocido decide enfocarse en la relación de Dylan con Woody Guthrie (Scoot McNairy) y Pete Seeger (Edward Norton), y en menor medida con Johnny Cash (Boyd Holbrook). Recordemos que el director también realizó la biopic de este último titulada Johnny & June: Pasión y locura (Walk the Line, 2005), donde el “rey de la música country” fue interpretado por Joaquin Phoenix. Con todos ellos Dylan construyó vínculos de admiración mutua y profunda amistad. Otra cuestión tampoco explicitada en la película es el origen judío de Dylan, cuyo nombre de nacimiento es Robert Allen Zimmerman. Si bien en la película se hace una breve alusión al cambio de nombre, no se menciona su origen judío, la familia de Dylan llegó a Estados Unidos escapando de las persecuciones antisemitas, los pogrom previos a las guerras mundiales.
Un elemento contundente en la trama, es el romance. Una de las líneas de acción está atravesada por el triángulo amoroso entre Sylvie Russo (este personaje está basado la artista plástica Suze Rotolo, interpretada por una insulsa Elle Fanning), Dylan y la cantautora Folk Joan Baez (personificada convincentemente por Monica Barbaro). Respecto al physique du rol de estos tres personajes respecto a las personas reales, resultan bastante más “estetizados”, es decir su aspecto es mucho más cercano a los cánones de belleza tradicionales. Se suele decir que “las películas son como la vida, pero con gente más linda”, en consecuencia, esta frase aquí resulta atinada.
La actuación de Chalamet es verosímil y correcta, pero no deslumbrante. Tal como plantea el crítico teatral Jorge Dubatti, en las actuaciones más sobresalientes podemos ver al actor y al personaje al mismo tiempo, como una especie de yuxtaposición. Siempre resulta pertinente aplicar este concepto a las películas biográficas, en esta obra se ve bastante a Chalamet y su personificación, pero faltó ver un poco más a Dylan, para que surja ese balance perfecto que asombra. El actor ha mencionado en varias entrevistas recientes que debido a las demoras en la producción tuvo aproximadamente tres años para investigar y prepararse musicalmente, lo cual merece ser destacado. Su interpretación física incluye el canto y también tocar los instrumentos musicales, a diferencia de otras biopic que realizan playback con la voz original de los cantantes, ambos recursos son válidos. Quizás a algunos les parezca que la voz que logra componer Chalamet no llega a ser tan áspera y personal como la de Dylan.
Por último, si bien no es la primera película biográfica sobre Bob Dylan -recordemos la peculiar y fragmentaria Mi historia sin mi (I'm Not There, 2007) dirigida por Todd Haynes- ésta ofrece originalidad en el recorte seleccionado sobre uno de los artistas más influyentes de la música contemporánea. En conclusión, Un completo desconocido, es un filme que tal como el hombre que intenta retratar, no recurre a grandilocuencias y ni artificios espectaculares desmedidos, sino a la simpleza. El relato y su ritmo son logrados y atrapantes, aunque se considera que carecen de emoción. También es destacable la franqueza de dicha representación que muestra varias aristas de la personalidad de Dylan: desde su talento, intelectualismo y rebeldía, hasta por momentos su falta de empatía con sus relaciones amorosas. Sin embargo, también es contundente el respeto y aprecio que tenía por otros artistas, como las visitas al hospital para ver a su ídolo Woody Guthrie, quien estaba gravemente enfermo a causa de la enfermedad de Huntington en el hospital psiquiátrico de Greystone Park o el intercambio de opiniones con Johnny Cash.