75 Berlinale

Crítica de "Reflet dans un diamant mort": El cine de género que sacudió la Berlinale

La nueva película de Hélène Cattet y Bruno Forzani deslumbró con su estética giallo y narrativa laberíntica en la 75º Berlinale. Entre homenajes y rupturas, una propuesta que divide opiniones.

Crítica de "Reflet dans un diamant mort": El cine de género que sacudió la Berlinale
domingo 02 de marzo de 2025

Diecinueve películas formaron parte de la Competencia Oficial de esta edición número 75 del Festival Internacional de Cine de Berlín. 2/3 de ellas resultaron mediocres, olvidables, cuando no derechamente insufribles.

Claro que ese punto de vista es personal, subjetivo. De hecho, merecen para quien suscribe estas líneas aquel último calificativo las dos que se llevaron los premios mayores del certamen: la noruega Dreams (Sex Love), de Dag Johan Haugerud y la brasileña O último azul, de Gabriel Mascaró). En las antípodas, en el extremo opuesto, Reflet dans un diamant mort (2025) no se llevó premio alguno y tenía la peor calificación de las películas en competencia en el listado que habitualmente propone la revista especializada Screen. Fue de las pocas proyecciones para la prensa en los que el cine no estaba lleno y, durante la proyección, no fueron pocos los que abandonaron la sala.

¿Será que todos queremos ver siempre lo mismo? ¿Será que, al final, llevan razón los programadores que insisten con bodrios de “tema importante”, golpes bajos y oportunistas declaraciones políticas?

Hélène Cattet trabaja en colaboración con Bruno Forzani desde el año 2000. Realizaron su primer largometraje Amer en 2009. Le siguieron en 2012 L'étrange couleur des larmes de ton corps, así como su contribución a la película antológica estadounidense The ABCs of Death. En 2017 rodaron Laissez bronzer les cadavres, adaptación del libro homónimo de Jean-Patrick Manchette y Jean-Pierre Bastid. En nuestro país sus films no fueron estrenados, pero quienes fuimos al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata agradecemos a Pablo Conde haber programado estas películas sin dudas fuera de norma.

Ambientada en una zona no identificada de la Costa Azul (Francia), el mismo escenario mediterráneo que albergó Amer y Let the corpses tan, la nueva película del dúo de directores franceses (afincados en Bélgica) se centra en un espía retirado de setenta y tantos años, Monsieur Diman (Fabio Testi). Su estancia en un lujoso hotel costero se ve repentinamente interrumpida por la desaparición de su vecina de cuarto. La desaparición lo intriga, así como lo asalta el temor de que sus antiguos enemigos reaparezcan y lo persigan. Si ello significara (o importara) algo, esa podría ser una manera muy sucinta de resumir lo que es, de hecho, una diégesis imposiblemente intrincada, una Mamushka o muñeca matrioska de historias dentro de historias, de películas dentro de películas. El yo más joven de Diman es una especie de James Bond (Yannick Renier), cuyas misiones se entrecruzan con el presente retiro del protagonista a través de sucesivos flashbacks. ¿Se trata de recuerdos de hechos reales o son fruto de la imaginación aplicada a su pretendido alter ego, quizás puramente ficcional?

No es la deriva narrativa lo que interesa aquí sino el inusitado placer estético que se propone desde la pantalla. La explosión de colores remite al giallo, y a los universos inolvidables de Mario Bava, Sergio Martino y Dario Argento. Pero no estamos ante una película-homenaje (tampoco lo eran sus predecesoras). Los realizadores se adueñan de ese legado y lo actualizan, lo hacen propio. Lo depuran, podría decirse. Ello así por cuanto en sus derivas la lógica narrativa importa poco; se cuenta más con las referencias, colores y recuerdos que con las tramas (que de tan intrincadas, desnudan su falta de real peso). La experiencia de ver Reflet dans un diamant mort en una de las enormes pantallas de los Cinemaxx de Potsdamer Platz en Berlín es única. Nos golpea en la cara la evidencia de la horrible calidad de imagen y sonido a la que nos tienen acostumbrados por nuestras tierras. Pero también, y sobre todo, nos sorprende la fuerza cromática, casi abstracta, de unas imágenes que parecen de otro mundo.

Esas imágenes remiten cariñosamente al “euroespionaje” de los años sesenta, juegan con el gore y se extreman en la fragmentación que provoca la memoria (o la falta de ella) del protagonista al intentar reconstruir el rompecabezas de su pasado. Es cierto que los mecanismos tienden a repetirse y que lo que sorprendió al inicio puede cansar un poco sobre el final. Pero esa es la apuesta, el desafío. ¿Quién nos quieta el haber presenciado las imágenes más impactantes de esta 75° Berlinale?

La inclusión de esta película, junto con la argentina El mensaje (de Iván Fund) son las dos “novedades” que podemos pensar se deben a la impronta de la nueva dirección del Festival. Se trata de películas que habitualmente no se programan en las competencias oficiales. En todo caso, no podemos sino aplaudir la decisión de correrse de los lugares comunes y  darles el lugar que se merecen.

 
 
8.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS