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Crítica de "Nada por perder": Virginie Efira y Mathieu Demy en un melodrama de madre contemporáneo

Luego de su paso por la sección Un certain régard de Cannes llega a salas la película de Delphine Deloget protagonizada por Virginie Efira, quien interpreta a una madre soltera que debe recuperar la custodia de su hijo.

jueves 12 de diciembre de 2024

Sylvie (Virginie Efira) es una mujer que cría sola a sus hijos Jean-Jacques y Sofiane. Una noche, mientras su madre trabaja, Sofiane, el más pequeño de los niños, sufre un accidente doméstico. Este hecho llama la atención de los servicios sociales hacia la familia, y da inicio a una larga batalla de Sylvie por la custodia de su hijo.

Nada por perder (Rien à perdre, 2023) es un melodrama de madre en el cual se renueva la vigencia de las problemáticas relacionadas con este género. Todos los conflictos giran en torno a Sylvie y a su capacidad de maternar (la paternidad es muy someramente abordada en la película). En un primer momento Sylvie trabaja para sostener a sus hijos y debe por ello ausentarse del hogar. Con el devenir de la historia la veremos esforzarse por limpiar su vida, su imagen y su hogar para recuperar a su familia. Lo que iba a convertirse en una situación transitoria comienza a sufrir complicaciones, y ella entra en un estado de desesperación que la lleva a actuar de maneras que el sistema no tolera. Al parecer, todo lo que haga una madre por su hijo nunca alcanza, y, aún así, sobreactuar no es visto con buenos ojos.

Las preguntas también son recurrentes en el género. ¿Qué es ser una buena madre? (y, por ende, ¿qué es ser una mala madre?) ¿Es preferible crecer cerca de la familia o hacerlo en un ambiente ordenado y estable? ¿Es mejor recibir cariño o tener todas las necesidades materiales resueltas? E incluso ¿cuáles son los motivos por los cuales una mujer elige maternar?

La película también trata el rol de los padres en el momento de transición a la adultez, y la dificultad que representa para las familias el encontrarse en una situación en la que uno de los hijos requiere más atención que los demás. Jean-Jacques es capaz de valerse por sí mismo, pero sigue necesitando la presencia de su madre, su apoyo, su contención y su validación (incluso si su madre está lejos de un posible modelo de “virtud”). Asimismo, aborda el rol que cumple el Estado en aras de garantizar el bienestar del niño, y el punto en el cual la burocracia del sistema tiende a la deshumanización.

Nada por perder construye personajes ricos y complejos. Si bien la capacidad de maternar de Sylvie es el objeto de escrutinio principal, en realidad no hay en la película ningún adulto que tenga su vida resuelta. Efira, quien rol tras rol demuestra su aparentemente infinita maleabilidad, es, una vez más, el corazón de la película. Sin embargo, los roles secundarios (especialmente aquellos que corresponden a los demás miembros de la familia, interpretados por Félix Lefebvre, Arieh Worthalter y Mathieu Demy) están también muy logradamente escritos y actuados, delineando un ambiente denso y creíble para el desarrollo de la historia.

La película lleva un ritmo que se condice con lo narrado y logra construir tanto momentos cotidianos como otros de gran intimidad. La lente capta la inestabilidad de Sylvie, las idas y venidas entre la esperanza y la desesperanza, su voluntad, su cansancio, su enojo, su hartazgo. Sobre el final de la película Sylvie dice “cuando vas demasiado lejos no te queda a dónde ir”. La pregunta latente es: cuando no hay nada por perder, ¿cuán lejos es ir demasiado lejos por un hijo?

7.0
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