Reestreno en salas
“Relatos salvajes”: Walter Donado recuerda “El más fuerte”
El actor integra el reparto de la aclamada película escrita y dirigida por Damián Szifrón, que volvió a la pantalla grande a 10 años de su presentación.
Una ruta en el norte argentino. Dos autos: uno de alta gama y otro destartalado. Dos conductores: uno empresario (Leo Sbaraglia) y otro albañil (Walter Donado). Un duelo inesperado y trágico. Estos son los conceptos de la historia “El más fuerte”, perteneciente a Relatos salvajes (2014), el film escrito y dirigido por Damián Szifrón. A diez años del debut de la película en la pantalla grande, y en el marco de su reestreno en salas, Donado recuerda en EscribiendoCine su experiencia en el rodaje y reflexiona sobre la conversión del largometraje en un fenómeno cinematográfico y social.
El conflicto inicia en la ruta a la altura de la Quebrada de las Conchas, entre Cafayate y la ciudad de Salta. Cuando el empresario Diego intenta pasar con su vehículo al albañil Mario, éste le bloquea la circulación. Aunque, tras cumplir su objetivo, lo insulta. Sin embargo, lo que no imagina es que, kilómetros más adelante, se reencontrarán y se enfrentarán en un duelo de masculinidades que llegará a extremos impensados.
Cabe destacar que Relatos salvajes es la película argentina más taquillera en la historia del cine nacional, ya que fue vista en salas por 3.940.000 espectadores. Asimismo, fue ovacionada en el Festival de Cannes y estuvo nominada al Premio Oscar. Obtuvo importantes reconocimientos nacionales, como 8 Premios Platino y 10 Premios Sur, y decenas de internacionales, como el Premio Bafta y el Premio Goya.
Si viajamos hacia tu primer contacto con el film, ¿cómo fue tu llegada?
Yo estaba en el sur filmando un comercial y me llamó Marcelo, uno de los productores de Relatos salvajes, y me dijo que Damián Szifrón quería hablar conmigo porque había una película interesante. Yo siempre ando con barba, él me dijo '¡Afeitáte la barba! ¡Mirá que te quiere Damián!', y fui a la oficina. Cuando Damián se había recibido, había venido a mi casa a hacer un corto llamado El arca de Noé. Me había convencido para filmar los animales y no le cobré porque era para la facultad. Ahí me prometió 'Un día voy a ser director y te voy a llamar, te voy a tener en cuenta', y así fue, me convocó para Los simuladores, donde llevé un puma.
Cuando llego a su oficina por Relatos salvajes, miro la pared y veo como tres personas para el personaje de Mario, entonces le planteo a Martín '¡Loco, me hiciste cortar la barba!', y me responde 'Ya casi, ya casi'. Cuando saludé a Szifrón me comentó que me avisaría en una semana o 15 días, yo le apreté la mano a Marcelo, agarré la moto y me fui. Cuando llegué al Obelisco, cerca de la productora, me sonó el teléfono y Damián me expresó: '¡Bienvenido a Relatos salvajes! Lo único que tenés que hacer es un callback, para ver unas cosas'. Lo hice, primero en un estudio, donde hacíamos la parte en la que rompo el parabrisas y discuto con Leo (Sbaraglia), pero a través de un vidrio. Y, después, ya más firme nos encontramos con Leo y fuimos a Mundo Grúa, por Panamericana. Szifrón colgó el auto de cabeza, metió la cámara por atrás y quiso filmar nuestra pelea contra el volante, pero con el auto mirando hacia abajo, colgado como a 10 metros de altura. Esas son cosas que hace él, bien, sabe lo que quiere, y quiere verlo antes, entonces en el set no inventa nada, está todo muy calculado. ¡Lo que hace es fabuloso!
¿Cómo viviste el rodaje? ¿Recordás alguna anécdota?
El total del rodaje no recuerdo si fueron seis o siete días. En los primeros seguimos los hechos cronológicamente. Por lo tanto, arrancamos en Jujuy, ya que Damián quería una ruta que fuera de doble mano. Leo me adelanta con el auto y viene la puteada. La base que teníamos nosotros era que el personaje de Leo era un tipo muy exitoso con sus negocios, que se había comprado un auto nuevo e iba a cerrar otro negocio inmobiliario que le dejaría mucho dinero, mientras que mi personaje venía de discutir con el patrón, quien no le pagaba, y la señora le había mandado un mensaje al celular, ya que lo esperaba con la plata. Es decir, Mario venía caliente. Y la otra parte, la segunda y última locación, fue en el puente que quedó como un lugar histórico.
¿A qué atribuís la trascendencia espacial y temporal del largometraje?
Cuando estoy en un semáforo y me dicen '¿Qué hacés, negro resentido?', yo miro a la persona y me rio. Pienso que no se va a acordar la gente, o que no me van a sacar, pero yo con la película tuve la suerte de recorrer, por ejemplo, toda Europa, en festivales, luego fui a India. En todos lados la película se entendía y la gente se reía donde se tenía que reír, porque injusticia social hay en todos lados, igual que diferencia de clases, corrupción, abogados que arreglan con fiscales, peleas matrimoniales e infidelidades. En distintas culturas se veían reflejados.
Por otro lado, en mi caso, se me abrieron puertas. Yo venía de hacer una participación chiquita en La dama regresa (1996), un protagónico en El perro (2004), llego a Relatos, y luego compartí set con actores internacionales, como en Solo se vive una vez (2017). Tuve la suerte de caer en el set en el momento justo, con las personas justas.
No es solo cine, es cine argentino. Como actor -y espectador- de la industria audiovisual, en la actualidad, ¿qué valor le otorgás a la cinematografía nacional?
Esto es cultura pura, y nosotros la exportamos al mundo. Me pongo en el pequeño lugar que me toca, y me siento parte del cine por el tema de los animales -y demás- desde hace más de 45 años, donde cada tanto meto alguna película porque me apasiona. La situación está muy mala, me da mucha pena lo que han hecho con el cine.
¡El cine argentino es reconocido mundialmente! A la gente le interesa el cine argentino. Recuerdo cuando fui a un festival en India, había una calle cortada, al lado había otra en la misma situación, y todo era porque estaban filmando. Acá también hubo una época con un mercado hermoso, que se laburaba mucho, no sé qué pasó a nivel cine. Los comerciales también cayeron un montón. ¿Qué pasó? ¿Qué se manejó mal y qué bien con el INCAA? Yo nunca tuve problemas. Iba a un festival y presentaba las boletas, no conozco a nadie que se haya quedado con un vuelto, sino sería cómplice. Por mi parte, vi que andaba todo bien, estuve con gente del INCAA en varios festivales y nunca observé nada raro. Yo creo que, si había algo raro, no tendrían que haberlo cerrado, sino acusado con el dedo al que fue y meterlo preso. Pero nadie va preso, quiere decir que no hay pruebas.