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Crítica de "Kingsman: El Servicio Secreto": Espía y pandillero

Cuando hace unas semanas asistimos a la parodia de las películas de espías con "Mortdecai, el artista del engaño" (Mortdecai, 2014), nada haría suponer que nuevamente visitaríamos el mundo de los agentes secretos en "Kingsman: El Servicio Secreto" (Kingsman The Secret Services, 2014). El director de "Kick-Ass" (2010), Matthew Vaughn, adapta su propio comic con frescura y originalidad como hace tiempo no se lograba.

Crítica de "Kingsman: El Servicio Secreto": Espía y pandillero
viernes 09 de agosto de 2024

La primera referencia que viene a la cabeza cuando se habla de agentes especiales es, por supuesto, James Bond (007), con su habilidad para resolver casos imposibles y enfrentarse a los más peligrosos villanos, además de evocar su particular cosmogenia relacionada con el mundo que lo rodea (mujeres, autos, armas especiales, etc.) y que perdura más allá de quién lo interprete. Pero Kingsman: El Servicio Secreto, además de tomar los estereotipos y claves del género para acercarlos a las nuevas generaciones, impone una dosis de humor corrosivo para potenciar su narración e historia con un ritmo trepidante y un dinamismo que crea su propio tempo dentro de este tipo de films.

La película arranca cuando un miembro del ultrasecreto servicio de espionaje, que da nombre al film, muere en pleno proceso de entrenamiento. Como la tradición de la ancestral institución lo indica, el reemplazo será escogido de una serie de candidatos seleccionados por cada uno de los miembros del equipo. Así es como Harry (Colin Firth) guiará a su “elegido” Eggsy (Taron Egerton), un joven con el que tiene una deuda y para pagarla hará lo imposible por introducirlo en Kingsman. Pero Eggsy no estará solo, y mientras compite en una evaluación constante con otros postulantes, aparece una amenaza real que está “desapareciendo” a líderes y científicos de todo el mundo, nucleada por el súper villano de turno Valentine (Samuel L. Jackson).

La película posee dos partes bien diferentes entre sí: una relacionada con el proceso de selección, del cual finalmente solo quedarán dos personas, y una segunda en la que ese proceso debe coincidir con una amenaza que pondrá en vilo al equipo “titular” de Kingsman. Entre Harry y Eggsy además se producirá una suerte de reversión de Pigmalión (o de 'Educando a Rita', tal como dicen los propios protagonistas) que llevará al extremo la decisión del primero por intentar introducir al joven en Kingsman, hasta poner su propia vida en juego y enfrentarse con Valentine y su misteriosa y letal asistente Gazelle (Sofia Boutella) en diferentes oportunidades.

Kingsman: El Servicio Secreto se ríe de sí misma, y esa es su principal virtud, utilizando el estereotipo del espía y agente secreto como construcción de un verosímil particular e irónico sobre sí mismo. Pero la película también habla de otras cuestiones ajenas al espionaje, como la incomunicación en la familia, la misoginia, el exceso de la sociedad de consumo y la poca habilidad de los líderes para poder encontrar un camino hacia el bien común, temas pocas veces tratados en este tipo de film.

Matthew Vaughn narra con ralentíes, aceleraciones, efectos especiales, largos planos generales, paneos, y todo lo que encuentra en su camino con tal de hacer volar la pantalla (la secuencia inicial es de antología y un ejemplo de cómo los títulos pueden ser objeto de atención), además de otorgar una entidad particular a cada uno de los personajes que va más allá de una simple definición en un script o ficha de vestuario. Los personajes de 'Kingsman: El Servicio Secreto', al igual que los de 'Kick-Ass', son seres entrañables de inmediata empatía con el espectador, además de ser capaces de generar diálogos perdurables, que trascienden la propia película a la que pertenecen.

Una vez más, la habilidad del director está no solo en poder generar una historia que nunca decae, sino también en tomar de la cultura popular varios elementos para resignificarlos y así poder construir una nueva sinapsis que termina por explotar en la pantalla en cada escena. Kingsman: El Servicio Secreto es un film con una habilidad para el punchline y la ironía que terminan dotándola de una visión sobre el mundo de los agentes secretos, que supera a sus predecesoras, pidiendo una secuela en el corto plazo.

7.0
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