Gaumont
Crítica de "Oíd Mortales": Verónica Velasquez y un grito de humanidad en el encierro
La docu-ficción "Oíd Mortales" (2021) dirigida por Verónica Velasquez y co-escrita junto a Daniel Fernández, traza un camino de esperanza y humanidad en un contexto marcado por la violencia sistemática.
La historia sigue a una docente que comienza a impartir un taller de mural en el instituto, enfrentándose a una realidad que la obliga a replantearse su papel y sus objetivos. El guion, que refleja la interacción entre docente y alumnos, no esquiva las dificultades ni endulza las experiencias de los menores, pero tampoco cae en el sensacionalismo. La película se centra en la transformación personal y colectiva que ocurre cuando la docente decide no mirar para otro lado, sino involucrarse activamente para aportar un cambio positivo.
El uso del mural como un dispositivo narrativo y terapéutico es particularmente eficaz. Los talleres de arte no solo sirven como un medio de expresión para los jóvenes, sino también como un catalizador para el cambio social y personal. A través de la pintura, la película nos muestra cómo el arte puede ser una herramienta poderosa para la rehabilitación y la reintegración, desafiando el paradigma punitivo del sistema de justicia juvenil.
Desde el primer fotograma, Oíd Mortales se distancia del tratamiento típico de los documentales sobre temas sociales al optar por una narrativa híbrida que mezcla elementos de ficción con testimonios reales. Esta elección estilística permite a Velasquez explorar las profundidades emocionales de los personajes y la complejidad de sus circunstancias, brindando una visión más íntima y empática.
Una de las fortalezas reside en su capacidad para humanizar a los jóvenes encarcelados, retratándolos no solo como víctimas del sistema, sino como individuos con sueños, miedos y potencial. La fotografía, íntima y directa, captura momentos de vulnerabilidad y resistencia, tejiendo un relato que desafía las percepciones preconcebidas sobre la delincuencia juvenil y la eficacia del encarcelamiento.
Oíd Mortales también se destaca por su crítica incisiva a la eficacia del encierro como método de corrección. La narrativa pone en discusión las políticas de reclusión y aboga por enfoques más humanos y compasivos, que reconozcan la dignidad y el potencial de cada individuo. En este sentido, el film no solo documenta una realidad, sino que también propone una visión transformadora, invitando al espectador a reflexionar sobre las alternativas posibles.
Con una mezcla de coraje y ternura, Verónica Velasquez nos confronta con la realidad de los jóvenes privados de libertad y nos invita a reconsiderar nuestras concepciones sobre justicia y rehabilitación.