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Crítica de “Fumar provoca tos”: Un viaje por el desconcertante imaginario de Quentin Dupieux

Un grupo de héroes peculiares se reúne en un campamento corporativo para fortalecer sus lazos, pero deben estar preparados para que surjan historias dentro de historias, cada una más extraña que la anterior.

miércoles 31 de julio de 2024

Lo primero que hay que entender antes de ver Fumar provoca tos (Fumer fait tousser, 2022) es que el director, Quentin Dupieux, se mueve dentro del mundo del absurdo absoluto. En este ámbito, deja entrever cada vez más conceptos críticos y filosóficos, sin abandonar nunca lo inesperado.

Si un neumático asesino o una mosca gigante ya parecían ideas alocadas, en esta oportunidad Dupieux supera sus propios límites. Lo más claro del largometraje son las parodias a los Power Rangers y al Maestro Splinter de Las Tortugas Ninja. A partir de ahí, hay que estar preparados para todo: un robot suicida, accidentes con maquinaria agrícola, un casco para “pensar” de los años treinta, una variedad de asesinatos, animales que hablan y mucha, mucha sangre.

Fumar provoca tos está concebida como una comedia fantástica en la que surgen anécdotas con el espíritu de cuentos de antología, una versión bizarra de La dimensión desconocida. Todos los personajes tienen su propia historia y anécdota que contar, convirtiendo la película en una narración coral sin un protagonista evidente. Es un grupo de héroes con nombres de ingredientes del cigarrillo que enseñan a los niños que la violencia es cotidiana, pero que no deben fumar.

Saber que existen directores como Dupieux, que no siguen ninguna regla impuesta por el mercado y de cuya mente pueden surgir ideas inesperadas, es un alivio. Su cine no es para todo el mundo, pero no por exquisito, sino por visceral. Es tan extraño como representativo de la humanidad, que realmente puede resultar muy extraña.

8.0
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