Premiada en BAFICI, protagoniza la nueva película de Francisco Márquez

Elisa Carricajo toma la peor decisión en “Un crimen común”

“Me parecía interesante que del personaje mucho no sabemos, excepto lo que conocemos al principio y luego está confundido, y la película nos hace pensar cómo en situaciones que requieren respuestas rápidas, a veces lo que opera en nuestra cabeza no es lo que queramos o sepamos”, dice a EscribiendoCine.

Elisa Carricajo toma la peor decisión en “Un crimen común”
Elisa Carricajo
Elisa Carricajo
viernes 09 de abril de 2021

La nueva propuesta del realizador Francisco Márquez tiene como protagonista excluyente a Elisa Carricajo, actriz que tras su participación en la épica La Flor (2018), de Mariano Llinás, regresa a la pantalla grande como Cecilia, una docente universitaria, en una película comprometida con la sociedad y el tiempo actual. En breve la veremos en Bahía Blanca.

¿Cómo estás viviendo el estreno que finalmente será en salas?
Estamos muy contentos la verdad, además se esperó un poco para que esto fuera así, o intentamos, todas las películas merecen verse en sala, y hay algo en relación al cine con el compartir, pero esta película en especial tiene una potencia especial para verla en cine, para compartirla, para hablar de la película, tuvimos una sola experiencia así en Berlinale 2020, después todos los estrenos en festivales fueron virtuales, y fue muy potente todo lo que pasó, así que estamos contentos que sea así, en la mayor cantidad de salas posibles y en todo el país, lo más federal posible. Estamos entusiasmados.

¿Qué fue lo que actoralmente sentiste que Cecilia, el personaje, te iba permitir transmitir?
La verdad es que la primera lectura del guion fue fuerte, sentí que me iba a costar hacerlo, y estuvo bueno porque fue lo primero que hablé con Francisco, porque me daba temor que algo del guion juzgara al personaje o en una relación externa con lo que me pasaría a mí, entonces juntos pensamos que no era un personaje que deseamos condenar, sino generar cierta empatía para entender qué le va sucediendo impulsando cierta identificación, para que no haya rechazo, ni culparla, sino permitir reflexiones sobre en qué momentos actuamos de esa forma, que aquí es no abrir la puerta.

Además la película analiza la acción en comunidad y cómo no responder a un llamado de auxilio trae consecuencias…
Claro, por eso me parecía interesante que del personaje mucho no sabemos, excepto lo que conocemos al principio y luego está confundido,  y la película nos hace pensar cómo en situaciones que requieren respuestas rápidas, a veces lo que opera en nuestra cabeza no es lo que queramos o sepamos, igual creo que Cecilia no es que no entiende lo que puede suceder, pero sí habla de cómo actuamos frente a la vulnerabilidad de las personas, uno tiene conciencia sobre eso, hay un sentido común sobre la vulnerabilidad, y Cecilia la tiene, pero ante una situación de riesgo no puede pensar así, piensa en su vulnerabilidad y la pone frente al otro.

Y ella está encerrada en su casa, creyéndose protegida…
Esta película se filmó hace dos años, pero la idea de “quedarse en casa” expuesta en la pandemia, también planteó qué es una casa para alguien de la clase media y qué para un pibe que no puede llegar a su casa a refugiarse, por ejemplo. Eso también aparece, la casa como refugio, de Cecilia y su hijo, y lo interesante de la película es que la anécdota que da impulso a la película, sobre eso genera un dispositivo cinematográfico de género, con el terror, de no poder digerir una situación, lo terrorífico que es ver lo que pasó en realidad.

Y que es algo que, hablando de terror, termina transformando para mal a Cecilia, en un momento es super exigente con unos alumnos para un trabajo, y después los deja a la deriva…
Es que creo que lo terrorífico también tiene que ver con la desaparición de una serie de certezas, que ella tiene, y todos tenemos, en qué posición estamos todos frente a nuestros propios privilegios, de eso también habla la película, de los privilegios, y de cómo vive alguien con cierta conciencia y que tiene ciertos privilegios.

Y qué es un privilegio, porque en una escena en la que Cecilia visita a la madre, y esta madre tiene acompañamiento y Cecilia no…
E
lla no tiene redes, eso me pareció interesante, ni siquiera habla con su amiga, es ella sola con el problema, y sin romantizar la pobreza ni nada de eso, la película apunta que del otro lado sí hay redes, y una vez nos preguntaron junto a Mercedes, qué pasaría si la situación fuera a la inversa, y la respuesta de ella fue que hubiera abierto la puerta, pero no por una superioridad moral, sino porque hay una práctica en los barrios de abrir la puerta, de entender que los pibes están en riesgo, una empatía con que podría ser tu hijo, y ciertos sectores de la clase media tienen eso de “esto a mí no me toca”.

La misma clase media que ha acompañado con silencios las peores tragedias del país…
No casualmente la película anterior de Francisco y su compañera, Andrea Testa, que además produce esta, es sobre la dictadura, La larga noche de Francisco Sanctis, hay un diálogo entre esa película y esta sobre las complicidades. Y la película tiene algo temporal y habilita la pregunta sobre cómo estos mecanismos siguen funcionando y los crímenes siguen ocurriendo, muere un pibe cada 40 horas, más o menos, en manos de la policía, son víctimas de la violencia, esa situación que sigue ocurriendo está anclada en una serie de complicidades, en cosas que uno nunca reflexiona. Cuando te roban el celular en la calle y por ahí salis corriendo, pero qué esperas con eso, que te devuelva el celular, que lo agarre un policía, que un grupo de vecinos le dé una paliza, pero ¿para qué?, hay algo de la ciudad, de cómo mira a ciertas personas, con algunos prejuicios.

¿Cómo sigue el año de trabajo?
En BAFICI se estrenó Bahía Blanca, de Rodrigo Caprotti, sobre una novela de Martín Kohan, y sigo con Petróleo, con funciones desde principios de febrero.

¿Cómo fue reencontrarse con Piel de Lava en el escenario?
Muy emocionante y vital, por eso espero el estreno de Un crimen común, sin minimizar los riesgos, pero hay algo en lo presencial vital y hermoso y que no pasa en casa en las pantallas. Creo que hubo cosas artísticamente potentes el año pasado, pero la verdad es que no hay con qué darle a lo presencial, donde circula una potencia y una energía únicas. Estar ahí de nuevo recuperando la posibilidad de hacer función, reírse juntas es muy festivo y muy alegre.

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