Aniversario

"Astor Piazzolla y el cine" en el centenario de su nacimiento

Recordamos al bandoneonista y compositor argentino, considerado uno de los músicos más importantes del siglo XX y más reconocidos a nivel mundial a través de su relación con el séptimo arte.

Astor Piazzolla
Astor Piazzolla en "Sur" de "Pino" Solanas
Astor Piazzolla en "Sur" de "Pino" Solanas
miércoles 10 de marzo de 2021

"iDiarios! ¡Diarios!", gritaba un niño llamado Astor en una escena de El día que me quieras (1935), la penúltima película de Carlos Gardel. Nadie imaginaba que aquel canillita, que sirvió de guía e intérprete a Gardel durante su estancia en Nueva York, se convertiría en uno de los más grandes compositores argentinos y renovador trascendental del tango. Este hecho, supone el preludio de una larga y fructífera relación de Astor Piazzolla (1921-1992) con el mundo del cine.

De las aproximadamente 750 obras compuestas por el célebre bandoneonista, casi medio centenar pertenecen al terreno de la música cinematográfica, a lo que hay que sumar el uso fílmico que otros creadores han hecho de su música.

Piazzolla nace en la ciudad de Mar de Plata el 11 de marzo de 1921, pero pasa buena parte de su infancia en Nueva York. En 1937 se instala en Buenos Aires, donde inicia estudios de composición, piano y dirección. A la vez que comienza a formar parte de orquestas típicas de tango como bandoneonista. En 1954 obtiene una beca que le lleva a París. A su regreso a Buenos Aires funda el "Octeto Buenos Aires", con el que inicia su revolucionaria transformación del tango.

La primera película a la que pone música es Con los mismos colores (1949), de Carlos Torres Ríos, realizador con el que hará también Bólidos de acero (1950). Durante la década de los 50 Piazzolla compone bandas sonoras de tipo orquestal, aunque imprimiendo a veces su sello personal, como en el caso de Sucedió en Buenos Aires (1954) de Enrique Cahen Salaberry, en donde se anticipa el tema de su celebrado "Adiós Nonino" (1959).

Entre los directores con los que trabaja Piazzolla en los finales del 50 y comienzos del 60 se encontraba Fernando Ayala con el que realiza un total de siete películas. Por otra parte, compone e interpreta con su Octeto la música de Prisioneros de una noche (1959), ópera prima de David José Kohon. Es en esos años cuando también comienza a componer bandas sonoras para su quinteto, siendo el primer caso Quinto año nacional (1961) de Rodolfo Blasco.

En la década del 60 también se producen sus primeros contactos con el cine europeo, al trabajar en coproducciones hispano-argentinas como Las Pirañas (1967), de Luis García Berlanga, y Pulsación (1969), película experimental realizada por el pintor uruguayo Carlos Páez Vilaró, en la que Piazzolla suma a su quinteto la presencia del saxofón.

Tras Con alma y vida (1970) de David José Kohon, se produce la proyección internacional de Piazzolla como compositor cinematográfico: su música sonará en películas francesas, italianas, brasileñas y, por supuesto, nacionales como ¿Qué es otoño? (1977), también de Kohon; Llueve sobre Santiago (1979), del director chileno Helvio Soto, o Luna de miel (1976) de Nadine Trintignant. Mención especial merece la música para Lumiere (1976) de Jeanne Moreau, y los dos temas que compuso para Excelentísimos cadáveres (1976) dirigida por el italiano Francesco Rosi.

Para A intrusa (1979), polémica producción brasileña del argentino Carlos Hugo Christensen en la que se adaptaba un relato de Jorge Luis Borges, compuso una extraordinaria banda sonora para quinteto que fue premiada en el Festival de Cine Brasileño de Gramado (Brasil). Gran repercusión tuvo también la música de la adaptación cinematográfica del drama de Pirandello Enrico IV (1984) dirigida por Marco Bellocchio y protagonizada por Marcelo Mastroiani y Claudia Cardinale, cuyo tema principal "Oblivion", se convirtió en uno de los clásicos del repertorio piazzolleano.

En los años 70 se produjo el primer acercamiento de Pino Solanas a Piazzolla. Las conversaciones de ambos dieron lugar al germen del guion cinematográfico de una película cuyo título sería Adiós Nonino. La situación tras el golpe de 1976 se hizo insostenible para muchos artistas, Solanas tuvo que salir del país y el proyecto se frustró. Años más tarde, un nuevo encuentro de ambos creadores, ahora en Europa, quedó plasmado en dos de sus películas: Tangos, El Exilio de Gardel (1985) y Sur (1987), que constituyen un verdadero broche de oro a la trayectoria como compositor cinematográfico de Piazzolla.

Por otra parte, existen diversos ejemplos de películas en las que se utiliza música de Piazzolla, uno de ellos fue El crack (1959) de José Martínez Suárez, cuya banda sonora fue compuesta por Victori Schlicher, basada en composiciones propias y de Piazzolla. Por otra parte, la mayoría de las películas que tuvieron el tango como eje temático recurrieron a la música de Piazzolla. Un ejemplo de ello fue Tango Argentino (1969), de Simón Feldman, o La lección de tango (1997) de Sally Porter.

Una recreación musical, como la versión disco-funky que en los años 80 realizó la cantante y modelo Grace Jones del celebérrimo ((Libertango)) de Piazzolla ("I've seen that face beforen"), cumple una función peculiar en la narración dramática del film Frantic (1988) de Roman Polanski. 

Otro ejemplo lo constituye la película 12 monos (1995), de Terry Gilliam, con música original de Tom Waits y Paul Buckmaster, donde uno de los temas de la banda sonora musical está tomado de la Suite “Punta del Este” de Piazzolla.

El  holandés Pieter Jan Smit produjo un breve documental titulado Le Gran Tango (2001), consistente en la filmación del violonchelista Paul de Jong, en un primerísimo plano fijo sobre su rostro, mientras interpreta acompañado al piano la célebre pieza de Piazzolla.

A lo largo de toda su trayectoria como compositor e intérprete, Piazzolla estuvo ligado a la creación musical cinematográfica, compuso unas 44 bandas sonoras musicales, algunas de cuyas piezas llegaron a convertirse en clásicos dentro de su repertorio.

Dos documentales recientes abordan la figura del músico que cumpliría 100 años. Por un lado, Piazzolla, los años del tiburón (2018), donde solo a partir de archivos audiovisuales inéditos y el testimonio de sus hijos, el director Daniel Rosenfeld crea un retrato vital del artista, pero también el retrato desconocido del niño, el padre, el creador musical y pescador de tiburones. 

El otro, trabajo sobre su figura, Tango en París. Recuerdos de Astor Piazzolla (2017), dirigido por Rodrigo Vila, aborda la intimidad de Piazzolla, a partir de su amistad con José Pons, bastonero de un grupo de selectos artistas argentinos en el exterior. La película trabaja sobre el archivo y un clima de afinidad que, de alguna forma, contraría la imagen hostil que construía Piazzolla.

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