Festival de Cannes 2026
Crítica de “Paper Tiger”: James Gray regresa con un thriller asfixiante sobre el miedo y la familia
Con Scarlett Johansson, Miles Teller y Adam Driver, James Gray construye un oscuro retrato sobre una familia de clase media atrapada entre la mafia rusa, la corrupción policial y un terror que se infiltra lentamente en la intimidad del hogar.
El destino de la familia Pearl queda definido en un solo día con lo que sucede con sus dos coches. No es tanto una metáfora como un encadenamiento de calamidades. Por la mañana, Hester (Scarlett Johannson) lleva a sus dos hijos adolescentes al colegio cuando la vista se le nubla y estrella el coche contra un árbol. Por la noche, Irwin (Miles Teller) ha decidido, de un modo un tanto temerario, ir a alertar a la mafia rusa de un vertido que puede hacer inviable un proyecto en el que están metidos. Irwin es ingeniero y su hermano Gary (Adam Driver), un expolicía ahora reconvertido en empresario, lo ha convencido para entrar en un negocio en el cauce de un canal que va a ser regenerado ambientalmente, información que conoce gracias a sus contactos en el municipio, y para el que deben ir de la mano de los rusos. Pero esa noche Irwin, que ha llevado a sus hijos para que vean cómo es el “mundo real”, es testigo de algo que no debería y tanto él como sus hijos, después de ser amenazados de muerte, han de salir corriendo y abandonando su coche. Lo recuperarán al día siguiente todo embarrado; lo que no recuperarán será la tranquilidad: el miedo será el tema de Paper Tiger.
Será un miedo interiorizado, que no se debe de enunciar, al menos mientras se pueda. Hester, que es diagnosticada con un cáncer cerebral que le hace perder la visión momentáneamente y una esperanza de vida de entre seis y doce meses, lo mantendrá en secreto, al fin y al cabo su probable muerte anunciada no es nada al lado de las de sus hijos y marido si las amenazas de los rusos se cumplen. Estos han exigido el pago de una cantidad exorbitada a los hermanos Pearl, algo que Gary, con sus conexiones con la policía, entre quienes sigue siendo alguien respetable y con influencia en el departamento, minusvalora y confía en poder arreglar de buenas maneras. Irwin, hombre sin mayores ambiciones, se ha asomado a un mundo peligroso, ese universo subterráneo en el que que a poco que se profundice nos desvela el lado más oscuro (muy Lynch) de la sociedad americana de los ochenta. Podría ser el de Blue Velvet (1986), pero es el de Paper Tiger, menos extraña pero igualmente terrorífica.
A partir de ese momento la película se divide, siguiendo las trayectorias de los dos hermanos y remitiéndonos a los ambientes de dos de las primeras películas de James Gray, Little Odessa (1994) y Los dueños de la noche (We Own The Night, 2007), esto es, por un lado las nuevas mafias rusas que se han instalado en los ambientes portuarios de Nueva York y New Jersey, por el otro el retrato de la policía como una gran familia que se protege a sí misma y que funciona también como una secta o suerte de mafia. Si bien por la parte de Gary Paper Tiger no alcanza ese aliento trágico de su película de 2007 (aunque el tiroteo final en los cañaverales es una clara referencia), esto es seguramente debido a que Gray opta por privilegiar lo más íntimo, cómo el terror se puede infiltrar en una familia de clase media norteamericana sin mayores aspiraciones económicas. Gray es más cómo Irwin, que solo aspira a que sus hijos puedan estudiar en una universidad de la Ivy League, y entiende que su película se desenvuelve con más comodidad entre las paredes de una casa en la que los rusos acaban por entrar una noche, recolocando los muebles y dejando como prueba de su paso unas polaroids de todos los miembros de la familia durmiendo. Lo más terrible no es esto, sino la sensación del final de que las penurias de los Pearl no han hecho más que empezar.