Teatro General San Martín - Sala Martín Coronado
Crítica de "Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires": Elena Roger y Charly García en una ópera rock que reescribe la historia
La ópera rock protagonizada por Elena Roger reinterpreta las invasiones inglesas con canciones de Charly García y una puesta que cruza historia y teatro.
Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires, con idea, libro y dirección de Ricardo Hornos, se presenta como una ópera rock protagonizada por Elena Roger que retoma la primera invasión inglesa de 1806 desde una construcción ficcional atravesada por las canciones de Charly García. El relato se organiza en torno a Cassandra, una joven que, en medio de la ocupación y la resistencia, encuentra refugio entre los faroleros, figuras que operan como nexo entre la vida cotidiana y el pulso histórico. Con más de treinta intérpretes en escena y banda en vivo, la obra despliega un dispositivo que integra teatro, música y coreografía en una misma línea de acción.
El guion se aleja de una reconstrucción lineal y opta por una mediación simbólica a través de personajes que tensionan la noción de relato histórico. Los faroleros, en clave de coro, no solo acompañan a la protagonista sino que construyen una mirada sobre los acontecimientos, desplazando el eje hacia su interpretación. Desde ese lugar, Cassandra funciona como centro de gravedad del relato, articulando las distintas capas de la puesta.
En ese entramado, el repertorio de Charly García adquiere un rol estructural. Las canciones no aparecen como acompañamiento, sino como motor narrativo que reorganiza el sentido de la escena. Temas como “Desarma y sangra”, “Inconsciente colectivo” o “No bombardeen Buenos Aires” se integran a la acción y producen una lectura que dialoga con el presente, habilitando nuevas resonancias dentro de un contexto histórico diferente.
La puesta trabaja sobre una estética de época sin fijarse en el detalle historicista. El vestuario sugiere el período, pero se subordina a la dinámica escénica. La iluminación, sostenida en la presencia de faroles, define el espacio y construye climas que alternan entre lo íntimo y lo colectivo. A su vez, la coreografía de Elizabeth de Chapeaurouge introduce un desplazamiento constante que evita la fijación de la escena y refuerza la idea de un relato en movimiento.
En el centro de ese dispositivo, la presencia escénica de Elena Roger organiza la experiencia. Su composición de Cassandra no solo sostiene el recorrido dramático, sino que establece un vínculo directo con el espectador a través de la voz y el cuerpo. Cada intervención concentra la energía de la escena y permite que el tránsito entre lo individual y lo colectivo se vuelva legible, incluso en los momentos de mayor despliegue.
La obra se construye, entonces, como una relectura donde historia y música se entrecruzan para producir sentido. El repertorio de García funciona como un archivo activo que resignifica el pasado desde una mirada contemporánea. En ese cruce, Invasiones I encuentra su forma: una puesta que articula capas, integra lenguajes y sostiene una identidad propia dentro del teatro musical, apoyada en una interpretación central que ordena y potencia todo el dispositivo escénico.