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Crítica de “Honey, No!”: Margaret Qualley y la road trip lésbica de Ethan Coen

En su segundo film en solitario, Ethan Coen continúa con su propuesta de cine clase B con humor negro y estética posmoderna.

Crítica de “Honey, No!”: Margaret Qualley y la road trip lésbica de Ethan Coen
lunes 27 de abril de 2026

Honey, no! (Honey Don’t!, 2025) abre con una serie de fachadas de edificios californianos semidesiertos. Sobre esas superficies gastadas se superponen imágenes de arte urbano —graffitis y pintadas— que dialogan con un paisaje en decadencia. Los títulos de crédito, sobreexpuestos, irrumpen sobre esas mismas fachadas mientras la cámara acompaña un recorrido en auto que culmina en una subjetiva: el vehículo se precipita por un acantilado. Desde ese inicio, Honey Don’t! deja en claro su apuesta por un tono híbrido y descontracturado.

Si pensamos en la definición de road trip, tal vez nos acerquemos a la propuesta del film: un tipo de relato que se centra en la libertad de explorar diversos destinos, paisajes y paradas intermedias, permitiendo flexibilidad para cambiar la ruta sobre la marcha. La esencia es la improvisación y la inmersión en el paisaje, por sobre la búsqueda de un destino final. La película, en su totalidad, sigue al pie de la letra esta impronta.

La película se presenta, en apariencia, como un policial negro, pero rápidamente subvierte sus convenciones desde una sensibilidad posmoderna. La figura clásica del detective masculino es reemplazada por Honey (Margaret Qualley), una investigadora privada carismática, sensual y abiertamente lesbiana. La oscuridad opresiva típica del género cede lugar a los amplios paisajes californianos, bañados por la luz del día, donde los colores saturados desplazan cualquier intento de atmósfera sombría. Sin embargo, más que un noir, la película funciona ante todo como una comedia: su motor no es el enigma policial, sino el humor.

En ese mundo excéntrico aparece el personaje interpretado por Chris Evans, un párroco tan inusual como corrupto, vinculado al narcotráfico y presentado en una escena provocadora que marca el tono irreverente del film. Su figura encarna el poder estructural de una comunidad en decadencia y será el principal antagonista de Honey, quien lo enfrenta con una mezcla de estilo, ironía y desenfado.

Ethan Coen vuelve a coescribir el guion junto a su esposa Tricia Cooke, armando una suerte de “trilogía lésbica” iniciada con Drive-Away Dolls (2024). En este proyecto, Coen parece interesado en recuperar y parodiar ciertas formas del policial negro, pero atravesadas por la lógica del cine de explotación, con una estética marcada y un humor extremo.

A diferencia de su hermano mayor Joel (La tragedia de Macbeth), Ethan parece estar interesado en el humor y la parodia desmedida: una búsqueda autoral que se aparta del clasicismo que supo compartir con su hermano. El resultado es una comedia de bajo presupuesto que evoca un universo reconocible, pero que no termina de articular un relato consistente.

Con una estructura de film noir, podemos afirmar que lo único verdaderamente “negro” en este intento de policial es su humor. El resto se despliega como una sucesión de ideas y situaciones tratadas con gracia y cierto encanto posmoderno. Honey, no! es, en ese sentido, una película fallida, pero no exenta de momentos genuinamente divertidos.

6.0
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