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Crítica de "El gran arco": Un drama biográfico sobre el arquitecto de un emblema de París

El film de Stéphane Démoustier rescata la figura de Johan Otto von Spreckelsen, el arquitecto danés que ganó el concurso organizado por Mitterrand para la construcción del Gran Arco de la Defensa, y lo hace poniendo en valor a la arquitectura como disciplina artística

Crítica de "El gran arco": Un drama biográfico sobre el arquitecto de un emblema de París
domingo 12 de abril de 2026

En 1982 el entonces presidente de Francia François Mitterrand convoca a un concurso de arquitectura para lo que sería el Gran Arco de la Fraternidad, un proyecto a construirse en el eje histórico de París y a inaugurarse el 14 de julio de 1989, con ocasión del bicentenario de la Revolución Francesa. Un comité elige cuatro proyectos de un total de 424 presentaciones internacionales, entre las cuales Mitterrand se inclina, finalmente, por la propuesta del arquitecto danés Johan Otto von Spreckelsen, un hombre de 53 años totalmente desconocido en Francia y que hasta el momento sólo había construido, según declaró, su “propia casa y cuatro iglesias”. Von Spreckelsen se instalará en Francia para trabajar en la materialización del gran proyecto de su vida, encontrándose con dificultades legales, económicas y políticas.

Escrita y realizada por Stéphane Démoustier y basada en la novela “El gran arco” de Laurence Cossé (2016), El gran arco (L'inconnu de la grande arche, 2025) es una película que se inmiscuye en la materialización de un emblemático proyecto a través del retrato del hombre que lo imaginó. El film elige testimoniar ciertos eventos ocurridos durante el proceso de construcción del monumental edificio que se relacionan con decisiones artísticas vinculadas al concepto de von Spreckelsen. De esta manera, Démoustier logra un interesante balance que convoca la atención del espectador hacia la figura del arquitecto desconocido.

Von Spreckelsen, interpretado por Claes Bang, es un personaje rígido, que se sostiene en sus posturas, en su visión, en su manera de hacer las cosas. Esta rigidez está plasmada a la vez en su andar, en su ritmo, en su repetitiva vestimenta. En el elenco principal están también Sidse Babett Knudsen como Liv von Spreckelsen, compañera y aliada del arquitecto -quien representa, a la vez, todo lo que Johan va dejando atrás mientras la construcción avanza-; Xavier Dolan en la piel de Jean-Louis Subileau, maestro de obra del proyecto; Swann Arlaud (Anatomía de una caída) como Paul Andreu, arquitecto responsable de la ejecución de la obra; y Michel Fau como François Mitterrand.

El gran arco no es solo una película biográfica: es también un film sobre la arquitectura. En cierto momento del metraje, el montaje hace suceder un plano de la ciudad y otro de la naturaleza, puntualmente del paisaje costero en el que Johan es presentado por primera vez. Esta decisión cinematográfica se alinea con el concepto de armonía urbana que atraviesa el proyecto de von Spreckelsen. Asimismo, al detenerse en los materiales, en las texturas, en las formas y en la incidencia que tendrá la luz en la superficie, el largometraje nos invita a considerar artísticamente a la arquitectura.

Aunque las tensiones políticas y económicas que atraviesan a un proyecto de estas características están constantemente presentes, el tercer acto de la película se detiene en esta problemática. En 1986, Mitterrand pierde las elecciones legislativas frente a una coalición de derecha encabezada por Jacques Chirac, desencadenando un proceso de recorte público que va a implicar una transición del proyecto hacia manos privadas. En ese punto termina de aflorar la dicotomía que subyace en el film: para von Spreckelsen, el cubo es la obra de su vida, pero para poder llevarla a cabo hay que atender a las condiciones de realización, que en este punto implican priorizar la comercialización del edificio, y, por ende, cambiar el proyecto para cumplir con el nuevo uso que se le va a dar. Es natural que este sea el momento en el que el arquitecto, que ya no tiene control artístico, dé un paso al costado. Es también natural que sobre este momento se dé el desenlace del film.

7.0
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