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Crítica de “La guerra de los mundos”: Ice Cube en un bodrio de escala épica
La película ganadora del Razzie, también conocido como el anti-Oscar que premia a lo peor del año, logra aburrir como pocas producciones a lo largo de la historia del cine.
Alguna vez se señaló que Plan 9 del espacio sideral (Plan 9 from Outer Space, 1957), de Ed Wood, es la peor película de la historia. Durante años, distintas listas catalogaron de esa manera a esa producción clase B del director homenajeado por Tim Burton en la genial Ed Wood (1993). Pero lo cierto es que Plan 9 del espacio sideral es, al menos, entretenida. No sucede lo mismo con La guerra de los mundos (The War of the Worlds, 2025), dirigida por Rich Lee.
La película, que se produjo con la técnica de screenlife que sitúa al espectador a través de teléfonos, computadoras y tablets, tiene a Ice Cube frente a la pantalla. Durante toda la hora y media de proyección, lo único que vemos es un zoom dentro de otro zoom: el protagonista hablando con sus hijos, con sus jefes o con distintos interlocutores mientras intenta detectar una inminente falla de seguridad nacional que termina generando el escenario perfecto para una invasión extraterrestre.
La idea, en sí misma, no es exactamente mala. Que haya sido filmada en plena pandemia de coronavirus explica la limitación de locaciones, y la premisa de un empleado que descubre una falla en un sistema de seguridad tecnológica podría resultar atractiva. El problema es la ejecución. Construir todo el relato a partir de un hombre mirando una pantalla —con una supuesta tensión que nunca aparece— termina por volver la experiencia profundamente tediosa.
Ahí aparece una de las claves para detectar una mala película: aquello que se propone nunca llega a buen puerto. Falta ingenio visual, el sonido no está trabajado con inteligencia para expandir la pantalla, y el protagonista —siempre en primer plano— repite dos o tres gestos durante toda la película. Podrían sumarse más ejemplos, pero todos conducen a la misma conclusión: estamos ante un bodrio de proporciones épicas.
En el imaginario colectivo de La guerra de los mundos, la novela de H. G. Wells publicada en 1898; seguirá vigente la emblemática transmisión radial de Orson Welles y, por qué no, la versión cinematográfica de Steven Spielberg. Pero esta adaptación con Ice Cube será, con suerte, difícil de recordar.