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Crítica de "Harry Hole": Jo Nesbø entre el policial nórdico y sus límites
La serie "Harry Hole", basada en las novela "The Devil’s Star" de Jo Nesbø, revisita al detective de Oslo con una narrativa que combina crimen, conflicto interno y tensiones éticas.
La adaptación televisiva del personaje de Harry Hole, inspirada en la saga literaria de Jo Nesbø, retoma a uno de los personajes centrales del policial escandinavo con la intención de reparar la imagen que dejó la fallida versión cinematográfica de The Snowman (2017). Interpretado por Tobias Santelmann, el detective enfrenta una investigación por asesinato serial mientras lidia con su propio deterioro personal y con la figura de su antagonista, encarnado por Joel Kinnaman.
La serie se estructura sobre un doble conflicto: por un lado, la persecución de un asesino en serie; por otro, la confrontación con Tom Waaler, policía corrupto que opera dentro del mismo sistema. Este cruce permite tensionar la narrativa entre la investigación clásica y la exploración del límite ético. Sin embargo, el arco de Harry Hole no escapa a una configuración conocida: detective brillante, conducta autodestructiva y una relación problemática con la autoridad.
En términos narrativos, la serie opta por una estructura reconocible del thriller nórdico, con climas fríos, silencios prolongados y una progresión que privilegia el suspenso antes que la sorpresa. La fidelidad al universo de Nesbø se traduce en una reconstrucción cuidada del personaje, aunque sin modificar sustancialmente sus rasgos más previsibles. La autoconciencia del propio relato, evidenciada en diálogos que señalan el carácter “cliché” del protagonista, introduce una lectura meta que no termina de profundizarse.
Desde lo visual, la propuesta mantiene una puesta sobria y controlada, con una fotografía que acentúa la atmósfera urbana y despersonalizada de Oslo. No obstante, el desarrollo dramático presenta irregularidades: la acumulación de violencia y el uso progresivo del gore responden a una lógica de intensificación que, en algunos tramos, desplaza la construcción de verosimilitud.
Harry Hole (2026) cumple con los códigos del género y ofrece una adaptación más consistente que su antecedente cinematográfico, pero su alcance queda limitado por la falta de riesgo en la construcción narrativa. Para quienes conocen la obra de Nesbø, la serie funciona como una restitución del personaje; para el resto, se integra como una pieza más dentro de un policial escandinavo que continúa expandiéndose sin modificar sus estructuras centrales.