"Providence and the Guitar", de João Nicolau, abrió el Festival

La apertura del IFFR 2026 y una defensa del cine como bien público

La 55° edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) abrió con un gesto político y programático: un acto sin solemnidades y la proyección inaugural de "Providence and the Guitar", de João Nicolau, una fábula que dialoga con la idea del cine como práctica cultural sostenida por lo público y alejada de la lógica estricta del mercado.

La apertura del IFFR 2026 y una defensa del cine como bien público
"Providence and the Guitar"
"Providence and the Guitar"
viernes 30 de enero de 2026

La 55° edición del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (IFFR) comenzó, una vez más (y clásicamente), en la sala mayor del complejo De Doelen de manera práctica y concisa. Sin mayores aspavientos, ni números musicales o performances que nada tienen que ver con el cine, sólo subieron al escenario las directoras del festival. Más que recorrer la programación (que lo hicieron, muy brevemente), Vanja Kaludjercic (directora artística) y Clare Stewart (directora ejecutiva) se repartieron los roles para enfocarse en una mirada más amplia. La primera dedicó un fuerte discurso político a la difícil situación de la cultura en el mundo (las referencias pasaron de Gaza, Irán y Putin para concentrarse en Trump como arquetipo de todo lo que no debe hacerse); la segunda se centró en agradecer a todas las instituciones públicas y privadas que hacen posible, en estos tiempos, una hermosa anomalía como lo es un festival libre y diverso. Una de origen croata, la otra australiana, su sola presencia en el escenario es una muestra clara de la amplitud y heterogeneidad que han caracterizado desde su origen a este festival.

La elección de la película de apertura siempre es un tema conflictivo para todos los festivales. Se trata de una declaración de principios, razón por la cual la decisión debe tomarse con mucha meditación y cautela. En muchos festivales, el hecho de que esa posición implique que la película quede fuera de la(s) competencia(s) influye en que, en reiteradas ocasiones, la decisión se base más en un guiño al mercado interno o a las figuras que puedan (o no) acudir a la gala que a la calidad de la obra. Esas y otras razones, aun sin llegar a despropósitos del talante de programar El beso de la mujer araña para abrir la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, explican que en general sea aconsejable evitar las películas de apertura.

Pero IFFR puede anotarse un punto este año. Y es que la romántica e ingeniosa fábula Providence and the Guitar (2025), de João Nicolau, fue ciertamente una decisión impecable para el comienzo de esta 55° edición del IFFR. El director de A espada e a rosa (2010) y John From (2015) subió al escenario luego de los discursos de apertura para presentar la película inaugural del festival. En ese momento, antes de invitar al elenco a compartir el momento, defendió enfáticamente el apoyo público al cine. En particular, refirió a la corriente que parece intentar imponerse en Europa de tender a la “privatización” del apoyo a la cultura. Al respecto sostuvo que una película como la suya no hubiera podido hacerse sin fomento estatal. Dejar el asunto sólo en manos de los privados implica que sean sus intereses los que decidan qué cine se hace. Eso, claro está, lejos está de los principios democráticos de diversidad e inclusión.

El cuarto largometraje de João Nicolau está libremente inspirado en la novela homónima de Robert Louis Stevenson y sigue a León y Elvira, dos artistas del siglo XIX que intentan mantener a flote sus carreras teatrales. Atrapados entre policías malhumorados, artistas rivales y pequeños y descarados demonios, con un poco de ayuda de los nuevos amigos que encuentran en su camino, León y Elvira deben sobrevivir a una noche tan accidentada como mágica. El diálogo entre el pasado y el presente vuelve sobre un tema universal y sin tiempo: el del arte como objeto fuera del comercio. En tiempos tan difíciles (los saltos temporales parecen indicar que siempre lo fueron), defender algo que “no genera dinero” (esa miope afirmación se repite hasta nuestros días) parece una tarea improbable, titánica. Con mucho amor y humor, con hermosos personajes y canciones, el tono de fábula y las actuaciones que pendulan entre la exageración y ese impasible tono de cierto cine portugués terminan por conformar una comedia tan despareja e imperfecta como absolutamente disfrutable.

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