Teatro Metropolitan
Crítica de “Tirria”: Capusotto, Politti y Spregelburd en la sociedad de las apariencias
En su segunda temporada, la obra escrita por Lucas Nine y Nancy Giampaolo y producida por Damián Sequeira despliega un retrato de las familias patricias argentinas en decadencia.
Tirria, dirigida por Carlos Branca, adopta la forma de una comedia de situación del cine nacional de los años cuarenta; ese estilo que, con humor, expone los secretos de la alta burguesía al estilo de Los martes, orquídeas (1941), protagonizada por Mirtha Legrand. El logo de "Argentina Sonó Film" y la partitura inicial remiten inmediatamente a esa estética cinematográfica que utiliza el enredo para sacar los "trapitos al sol" de una familia; en este caso, los Sobrado Alvear.
Esta respetada familia patricia se encuentra en la ruina económica y, por ello, finge —con la ayuda de su mayordomo Hilario (Diego Capusotto)— viajar a Europa cada verano, cuando en realidad se esconden dentro de baúles de viaje durante tres meses.
Con un humor histriónico que recupera lo mejor del grotesco nacional —con referencias a Esperando la carroza y La nona—, Tirria logra un retrato contundente de las clases pudientes argentinas. Su desprecio hacia lo popular, su pompa de clase deformada por el uso de un lenguaje afectado y sus aspiraciones europeas sostenidas mediante imitaciones vulgares son retratadas en cada gesto hipócrita y exceso retórico.
La obra cuenta con un sólido trabajo de Andrea Politti, Rafael Spregelburd y Diego Capusotto, además de un elenco que completan Juano Arana, Eva Capusotto, Galo Politti y Daniel Berbedés. Los actores interpretan con gracia y exactitud las miserias de una clase dominante que se siente superior, pero que solo vive de formas vencidas y aspiraciones demodé. Esta comedia negra expresa su decadencia, el fracaso de su proyecto y su falta de empatía social.
Hay mucha historia detrás de la puesta: juegos de palabras, refranes y modismos que remiten a otra época. En la agonía interminable de los Sobrado Alvear se refleja la decadencia de una élite tacaña y desagradable que lucha por sostener su honor a como dé lugar. Incluso en la actualidad.