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Crítica de "Anna Karenina: La historia del Conde Vronsky" y una desmedida pasión

Desde un hospital militar durante la guerra ruso-japonesa, el conde Vronsky reconstruye su vínculo con Anna Karenina en la adaptación cinematográfica de Karen Shakhnazarov basada en la novela de León Tolstói.

Crítica de "Anna Karenina: La historia del Conde Vronsky" y una desmedida pasión
miércoles 07 de enero de 2026

“Han pasado treinta años, pero lo recuerdo todo como si fuera ayer”. Con esa frase, el conde Vronsky pone en marcha su relato mientras se encuentra herido en un hospital militar ruso, en plena guerra ruso-japonesa. Quien lo asiste es el doctor Sergey Karenin, hijo de Anna. Desde ese punto de partida, el director y guionista Karen Shakhnazarov construye su versión cinematográfica de la novela de Tolstói, surgida de la miniserie de ocho episodios realizada para la televisión rusa.

La película se centra en la historia de amor entre Anna Karenina (Elizaveta Boyarskaya) y el conde Vronsky (Maksim Matveyev). Anna pertenece a la alta sociedad rusa de fines del siglo XIX, es madre y está casada con Alexis Alexándrovich Karenin (Vitaly Kishchenko), un hombre con poder político y social. El encuentro con Vronsky en un tren activa una relación que avanza sin rodeos hacia la confesión y el pedido de divorcio. Karenin se niega y, como respuesta, separa a Anna de su hijo. A partir de allí, la aristocracia la margina y la señala como adúltera.

La puesta en escena reconstruye el período histórico con precisión: vestuario, escenografía y fotografía funcionan como soporte narrativo para ubicar al espectador en ese universo social y cultural. El dispositivo visual acompaña el relato con una lógica clásica, apoyada en actuaciones que sostienen el peso del drama.

La estructura del guion, sin embargo, se apoya de manera insistente en el uso de flashbacks. El regreso constante al pasado y las escasas incursiones en el presente del hospital terminan por dilatar el desarrollo, generando una progresión irregular. En ese sentido, la organización dramática remite a esquemas ya transitados, con ecos de Titanic (1997) en su forma de encuadrar una historia íntima desde un recuerdo marcado por la pérdida.

Anna Karenina: La historia del Conde Vronsky (Anna Karenina, 2017) retoma un relato del siglo XIX para volver a poner en circulación temas que siguen operando en clave contemporánea: la infidelidad, las relaciones de poder, el lugar de la mujer y las normas sociales que regulan el castigo y la exclusión. Una historia conocida, narrada desde otro punto de vista, que dialoga con el presente a través de una memoria atravesada por la guerra y el paso del tiempo.

6.0
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