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Crítica de "Madame Violet", con el incendiario poder de la educación bajo el brazo

El francés Éric Besnard realiza una película situada a fines del siglo XIX que, aunque versa sobre los fantasmas que despierta la llegada de la educación obligatoria, se hace eco en la actualidad.

Crítica de "Madame Violet", con el incendiario poder de la educación bajo el brazo
jueves 18 de diciembre de 2025

Brezons, Francia, 1889. Louise Violet (Alexandra Lamy) llega al pueblo enviada como maestra para hacer cumplir la ley que recientemente convirtió a la educación en gratuita y obligatoria. Madame Louise no solo es una extraña en la comunidad, sino que su aparición presagia una gran transformación social: los niños deberán dejar de trabajar el campo junto a sus padres para poder asistir a la escuela. Gracias a la ayuda del alcalde (Grégory Gadebois) su presencia irá calando en los habitantes, instaurando, en igual medida, tanto esperanzas como temores.

Cuando Madame Violet llega al pueblo no tiene interlocutores. Sabemos qué está pensando a partir de los rastros de su experiencia en las cartas que envía a diario, a las cuales tenemos acceso a través de una voz over. Comprendemos que llega con una historia, que las personas de su pasado están lejos, y que su propia existencia le representa una carga. Es interesante la manera en la que Éric Besnard, guionista y director de Madame Violet (Louise Violet, 2024) construye la tensión en relación al pasado de la protagonista, así como también lo es la manera en la que se develan sus secretos. La historia de Violet da cuenta de la importancia que tiene para ella la influencia que puede ejercer en el pueblo; al mismo tiempo, Louise es en sí misma un testimonio de la relevancia que tienen tanto el conocer como el experimentar la historia de la nación, y del terror que pueden infundir lo diferente y lo desconocido.

Además de un gran diseño de arte y de una bella fotografía de exteriores, Madame Violet cuenta con grandes actuaciones, tanto adultas como infantiles (alguna de ellas particularmente emotivas). Lamy ofrece un protagónico potente debido, en gran medida, a lo que su personaje calla. Son los matices los que la enriquecen, y la ausencia de los mismos en la escritura de los demás personajes decanta en cierta tendencia dogmática de la película, por un exceso de tajantes explicaciones en torno a los malestares, los móviles y las decisiones del resto de los habitantes de Brezons. De todas maneras, esta tendencia en la escritura de los personajes no obstaculiza la posibilidad de observarlos con amabilidad en razón de sus posibilidades.

Madame Violet es una película que, aunque situada en el contexto de la Tercera República francesa, habla en un sentido amplio sobre los sentimientos que se encienden en torno al transformador poder de la educación, un tema de una enorme vigencia y que abre interrogantes hacia la actualidad.

7.0
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