La novela que anticipó un universo literario vuelve a las librerías
"Bajar es lo peor": los orígenes de la oscuridad según Mariana Enriquez
La novela debut de Mariana Enriquez, publicada en 1995 y convertida en obra de culto, vuelve a escena como pieza inicial de un imaginario literario que explorará adolescencia, deseo, excesos y una Buenos Aires nocturna. Su singular adaptación cinematográfica, proyectada en el Bafici 2002 y nunca estrenada comercialmente, completa el recorrido.
Bajar es lo peor (Anagrama) nació cuando Mariana Enriquez tenía diecinueve años y publicó su primera novela en un escenario todavía ajeno al reconocimiento que llegaría después. Lejos de ser un mero ejercicio inicial, el libro revela desde el comienzo un modo de mirar el mundo que persistirá en toda su obra: jóvenes que avanzan sin certezas, vínculos que se tensan en los márgenes y una ciudad que interviene en la vida de los personajes como si fuera un personaje más.
Facundo, Narval y Carolina recorren una Buenos Aires nocturna de los años noventa, cruzada por desigualdades, movimientos culturales subterráneos y un pulso callejero que marca cada decisión. Sus trayectos se despliegan en habitaciones precarias, clubes oscuros y espacios donde el sueño se confunde con la vigilia. No hay alegorías ni figuras solemnes: hay cuerpos que buscan sostenerse y afectos que se reorganizan para sobrevivir a la intemperie emocional.

En 2002, Leyla Grünberg llevó la novela al cine junto a Mariana Erijimovich y Santiago Fernández Calvete en el guion. La película se proyectó en el Bafici pero no alcanzó estreno comercial, quedando relegada a un circuito mínimo que reforzó su condición de obra difícil de rastrear. Esa falta de visibilidad terminó por convertirla en una adaptación que circula más como rumor que como registro firme, un espejo curioso de la propia novela, tan ligada a las zonas invisibles de la ciudad.
Con Román Martino, Enrique Alguibay, Danilo Devizia y Cristina Banegas en los roles principales, el film tradujo al lenguaje audiovisual las tensiones afectivas y la deriva urbana del libro. Su escasa circulación la volvió un capítulo lateral dentro de la relación entre Enriquez y el cine, aunque marca un antecedente temprano de un interés que se ampliaría con el tiempo.
Las adaptaciones posteriores de textos de la autora, ya en un marco de mayor visibilidad internacional, muestran que su literatura ofrece un territorio fértil para imágenes que dialogan con lo fantástico, lo urbano y lo íntimo. En ese mapa, Bajar es lo peor ocupa un lugar de origen: señala un clima, una sensibilidad y un modo de narrar que luego encontrará nuevas formas y lectores.
Releerla hoy permite reconocer que muchos de los temas que atraviesan la obra de Enriquez —la ciudad como organismo, el deseo como impulso que desestabiliza, la juventud como espacio de tránsito— ya estaban ahí, formulados con una claridad temprana que se mantiene vigente.