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Crítica de "Palm Royale": poder, ascenso y sombras en dos temporadas

En "Palm Royale" (2024/25), nos sumergimos en un intrigante drama social que destila glamour e ironía, trayendo a la memoria el estilo de producciones como "Desperate Housewives", "Mad Men" y "Big Little Lies". Esta serie, creada por Abe Sylvia, nos lleva de la mano a la distinguida alta sociedad de los años 60, donde el brillo superficial oculta secretos profundos y tensiones sociales latentes.

Crítica de "Palm Royale": poder, ascenso y sombras en dos temporadas
viernes 14 de noviembre de 2025

En el resplandeciente escenario de Palm Beach, durante el año 1969, se despliega la travesía de Maxine Simmons, personaje encarnado por la talentosa Kristen Wiig. Con un anhelo ardiente, Maxine se adentra en el círculo de la alta sociedad estadounidense, determinada a ganarse un lugar en esta élite, sin importar las barreras que se interpongan en su camino.

La primera temporada sigue a Maxine en su intento por infiltrarse en el exclusivo club de tenis Palm Royale, un territorio donde las barreras físicas funcionan como extensión de las jerarquías sociales. Amparada en una colección de piezas de alta costura “prestadas” de una anciana millonaria en coma, interpretada por Carol Burnett, Maxine ingresa a ese ecosistema con el objetivo de abrirse paso en un territorio que no la reconoce como propia.

En esa búsqueda de un lugar, aparece Evelyn —Allison Janney— como su antagonista directa. Ambas aspiran al mismo espacio dentro de la élite local y su enfrentamiento deriva en una secuencia de maniobras, alianzas temporarias y movimientos calculados que exponen el funcionamiento interno de la ciudad.

Con el correr de los episodios, Maxine queda vinculada a un grupo de feministas locales liderado por Linda (Laura Dern) y Virginia (Amber Chardae Robinson). La relación entre ellas se vuelve un territorio de tensiones: provienen de mundos distintos, pero encuentran un punto de cruce en la discusión por derechos y representación, lo que obliga a Maxine a revisar con qué parámetros intenta ascender en un sistema que, por diseño, la excluye.

La segunda temporada profundiza ese choque. Tras un colapso público que la deja fuera de escena, Maxine intenta recomponer su posición y demostrar que puede disputarle el control a quienes administran el poder desde circuitos cerrados. Sus movimientos la llevan a descubrir el sostén real de Palm Royale: un engranaje basado en silencios, relatos moldeados a conveniencia y prácticas que avanzan sobre los márgenes de la legalidad. Allí, la ambición personal se cruza con la estructura que pretende descifrar, ampliando los límites del juego que decidió jugar.

Esta historia, sumamente entretenida, se desarrolla gracias a un reparto estelar, un guion reflexivo y un exquisito telón de fondo. Kristen Wiig lidera con solvencia el elenco femenino con su interpretación enérgica de Maxine, mientras que Josh Lucas aporta solidez como Douglas, el esposo de Maxine, y Ricky Martin cautiva como el enigmático camarero, Robert. El elenco se completa con nombres de la talla de Allison Janney, Carol Burnett, Leslie Bibb, Amber Chardae Robinson, Mindy Cohn, Julia Duffy y Kaia Gerber.

Palm Royale no solo es un deleite para los sentidos que nos transporta a una época privilegiada, sino que también nos sumerge en un mundo de lujo y exuberancia. Con una dirección artística meticulosa, la producción recrea con precisión los elaborados estilos de la época, desde "esos raros peinados nuevos" hasta la vestimenta colorida, y los opulentos escenarios que definieron este período de opulencia y excesos. Además, los eventos históricos como el gobierno de Nixon y la guerra de Vietnam entrelazan la trama, agregando una capa adicional de profundidad y contexto.

Sin embargo, entre la efervescencia de los tragos, los comentarios mordaces y la extravagancia de su protagonista, la serie a menudo se aventura en territorios desconocidos al no adherirse al formato típico de una sitcom y al mismo tiempo carecer de una trayectoria clara en el desarrollo de las tramas.

A pesar de ello, Palm Royale se erige como una sátira social meticulosamente elaborada, donde cada personaje encarna un arquetipo cuidadosamente diseñado que los actores y actrices interpretan con maestría. Más allá de ser simple entretenimiento, la serie invita a una reflexión profunda sobre las complejas dinámicas sociales y las ambiciones desmedidas que caracterizan a la élite de la época.

7.0
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