Lanzamientos literarios

"Amigdalatrópolis", de B.R. Yeager: el infierno cotidiano de la era del foro

La nueva novela del autor estadounidense, publicada por Caja Negra, se adentra en la mente de un adolescente absorbido por la dark web, donde la violencia, el deseo y la alienación se confunden hasta disolver cualquier noción de realidad. Un relato que descompone las patologías contemporáneas desde el corazón mismo del capitalismo digital.

"Amigdalatrópolis", de B.R. Yeager: el infierno cotidiano de la era del foro
sábado 08 de noviembre de 2025

Amigdalatrópolis (Caja Negra, 2025) se despliega como una radiografía del inconsciente en línea. Su protagonista, identificado con el alias /1404er/, es un adolescente que pasa los días inmerso en un foro anónimo de la dark web, un espacio donde la identidad se diluye y la moral se anula. Allí, miles de usuarios repiten el mismo nombre y el mismo gesto: consumir y producir imágenes extremas que funcionan como pulsos eléctricos en un sistema nervioso global.

B.R. Yeager estructura el relato como una inmersión en ese flujo hipnótico, donde la escritura imita el scroll, las actualizaciones de los hilos y el ruido de fondo de una conversación permanente entre desconocidos. La narración alterna descripciones clínicas con fragmentos de posts, tutoriales sobre delitos digitales y reflexiones que emergen entre la lucidez y la locura. En este universo, la computadora no es una herramienta, sino una extensión del cuerpo y del deseo: el único órgano sensible de un sujeto que ya no distingue entre dolor, placer o aburrimiento.

Yeager utiliza la noción de neurorrealismo —un término que describe la literatura que aborda el impacto neurológico de la hiperconectividad— para componer una suerte de bildungsroman invertido. El protagonista no crece, sino que se desintegra; su cerebro es un algoritmo en busca de estímulos cada vez más extremos. Lo que en otra época fue el cuarto del adolescente ahora se convierte en un laboratorio de soledad donde la pantalla sustituye la experiencia y el cuerpo se reduce a una interfaz.

La novela no busca denunciar ni moralizar, sino mostrar. En esa exposición descarnada reside su potencia: Yeager escribe desde dentro del dispositivo, no como observador externo, sino como alguien que ha habitado sus tinieblas. La prosa, precisa y fría, sostiene una tensión constante entre la fascinación y el rechazo, entre lo obsceno y lo sublime.

Amigdalatrópolis comparte con Espacio negativo —la primera novela traducida al español del autor— una misma mirada sobre lo monstruoso: la certeza de que ya no se trata de un otro lejano, sino de un síntoma de nuestra propia normalidad. Leerla implica atravesar un espejo sin retorno, donde lo humano se refleja fragmentado entre píxeles, foros y deseos automatizados.

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