Malba

Crítica de "Tortuga persigue a tortuga": cuando la vida se convierte en cine

El film de Víctor González recupera grabaciones en VHS de fines de los años 80 y las transforma en un relato sobre la frontera entre realidad y puesta en escena.

Crítica de "Tortuga persigue a tortuga": cuando la vida se convierte en cine
viernes 07 de noviembre de 2025

Tortuga persigue a tortuga (2025) surge del deseo de filmar sin mediaciones, de capturar la vida en su devenir más inmediato. Su director transforma dos episodios personales —un desalojo y una separación— en materia cinematográfica. Lo que en los ochenta fue un registro doméstico en VHS se convierte, décadas después, en una exploración sobre la memoria, la mirada y el modo en que la cámara altera la realidad que intenta preservar.

El material recuperado no reconstruye, sino que reanima. Las imágenes, atravesadas por la textura del tiempo, revelan el pulso de una época y el impulso vital de quien decide registrar lo que no puede explicar. En esa operación, el cine se vuelve un espacio de resistencia: cada plano contiene la tensión entre lo vivido y lo interpretado, entre el gesto espontáneo y la conciencia de estar siendo filmado.

Montar esas escenas tantos años después implica un retorno a uno mismo. El director se enfrenta a su pasado con la distancia de quien revisa un diario filmado, un documento que se rehace en el presente. Lo que antes fue un acto urgente se convierte ahora en una reflexión sobre la identidad, la persistencia de la imagen y el poder del cine para resignificar la experiencia.

Tortuga persigue a tortuga no busca representar, sino interrogar. El film expone la frontera entre realidad y ficción, cuerpo y cámara, vida y relato. En ese borde inestable, la pregunta final permanece abierta: ¿qué permanece de nosotros cuando la imagen se detiene?

7.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS