Salas

Crítica de "Retratos del Apocalipsis": El fin del mundo visto desde el sur

Dirigida a seis manos por Nicanor Loreti, Fabián Forte y Luca Castello, la película nos trae un apocalipsis zombie contado desde la Argentina, con sus calles, su ritmo y sus miedos.

Crítica de "Retratos del Apocalipsis": El fin del mundo visto desde el sur
miércoles 05 de noviembre de 2025

Retratos del Apocalipsis (2025) adopta una estructura antológica, compuesta por cuatro historias que se entrelazan alrededor de un brote zombie que sacude Buenos Aires. No hay un hilo único que atraviese la trama, sino un mosaico de relatos donde cada director imprime su mirada particular sobre el fin del mundo.

Loreti, quien ya había demostrado su pulso para la acción con Diablo (2011) y su amor por el género con Kryptonita (2015), se encarga de dotar de energía visual al conjunto; Fabián Forte, más inclinado hacia lo psicológico y lo social, como en La corporación (2012) o Malditos sean! (2013), aporta humanidad en medio del desastre y Luca Castello, más joven pero con una sensibilidad visual marcada, completa el tridente desde la edición y la dirección.

La premisa es sencilla: el mundo colapsa en Buenos Aires. En una avenida que todos reconocemos, en un colectivo que tomamos, en un edificio que podría ser el nuestro. El horror se siente cercano cuando vemos gente común enfrentando un desastre inexplicable. Ver a Demián Salomón resistir con una furia contenida, o a Lorena Vega y Paula Manzone transmitir miedo real desde lo cotidiano, logra una identificación que potencia la credibilidad.

La película respira argentinidad, aunque no todo es perfecto. Como toda película antológica, sufre cierta irregularidad. Algunos relatos son más potentes y emotivos, otros más esquemáticos o previsibles. Además hay momentos donde las limitaciones del presupuesto se notan en maquillajes simples o planos que piden más extras de los que hubo. Pero la película nunca pretende competir con Hollywood, sino usar su lenguaje para contar otra clase de historia.

Loreti, Forte y Castello logran equilibrar lo simbólico y lo sensorial. Su puesta en escena evita caer en la parodia o el exceso de solemnidad, eligiendo  un terror que entretiene por sobre las demás cosas. La sensación final es una mezcla de orgullo y angustia: orgullo porque el terror argentino puede mirar de frente a cualquier otro, angustia porque, en algún punto, reconoces que ese fin del mundo podría empezar mañana, en la esquina de tu casa. 

8.0
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