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Crítica de “El Brutalista”: La majestuosa obra de Brady Corbet con Adrien Brody, Guy Pearce y Felicity Jones

El largometraje de época posee diez nominaciones a los premios Oscars, que incluyen Mejor Película, Mejor Actor Protagónico, Mejor Director y Mejor Guión Original.

Crítica de “El Brutalista”: La majestuosa obra de Brady Corbet con Adrien Brody, Guy Pearce y Felicity Jones
viernes 26 de septiembre de 2025

El Brutalista (The Brutalist, 2024) dirigida por Brady Corbet, quien también escribió el guión junto a Mona Fastvold -quienes además de ser pareja, ya habían trabajado juntos en Vox Lux (2018)-, The Childhood of a Leader (2015) y The Sleepwalker (2014)-, narra la historia de un talentoso arquitecto judío llamado László Tóth (Adrien Brody), nacido en Hungría que logra sobrevivir al Holocausto y emigra a Estados Unidos, en busca de una nueva vida, para que luego su esposa Erzsébet (Felicity Jones) y su sobrina Zsófia (hija de su difunda hermana) puedan también huir de Europa y alcanzarlo. Todo lo que el protagonista debió atravesar durante la Segunda Guerra Mundial el espectador no lo conoce, pues el relato inicia en 1947, con su llegada a Estados Unidos.

En adición, el punto de vista del protagonista -mediante encuadres invertidos, que reflejan la ocularización del protagonista y el caos migratorio al llegar a Norteamérica, lleno de promesas- se entremezcla con la voz de una mujer que recita unas cartas dirigidas a él desde Europa. El Brutalista es una obra atravesada por la psicología del protagonista, quien, aunque haya emigrado a otro continente, lleva consigo las secuelas y traumas del nazismo. Mediante la composición extraordinaria actoral de Adrien Brody, esa tristeza interna sale al exterior a través de su mirada, de su postura corporal desganada, que da cuenta cómo este simple hombre ha pasado de ser un reconocido y celebre arquitecto en Budapest, a perder toda la autoestima en el Holocausto, y aparentemente su situación no cambiará al sentirse un paria en Norteamérica.

Al arribar, László irá en busca de su primo, Attila (Alessandro Nivola), quien también es judío, pero en cierta forma niega sus orígenes pues ha cambiado tanto de apellido como de religión (otra de las terribles secuelas psicológicas del antisemitismo) y ha contraído matrimonio con una mujer de aspecto ario, que no tienen ninguna intención de conectar con su pasado. El pariente lo recibe cariñosamente en su mueblería y le ofrece empleo, pero las asperezas con su esposa crecen, y todo cambia de curso cuando realizan un trabajo para una adinerada y complicada familia de Pensilvania. László rediseña la biblioteca del magnate local Harrison Lee Van Buren (encarnado por un casi irreconocible Guy Pearce), al estilo de la Bauhaus, la escuela en la que se formó, pero cuya estética e ideas resultan aún desconocidas en una Estados Unidos más tradicional, donde además el racismo está presente.

Las visionarias ideas de Tóth, con el fin de que la forma siga la función y en consecuencia haya una unión entre el uso y la estética, en una instancia inicial producen rechazo en este caprichoso millonario. Aunque posteriormente este hombre con ínfulas de superioridad -al igual que toda la alta sociedad norteamericana que es representada en el filme- aunque sea por esnobismo terminará por apreciar su arte a punto tal de obsesionarse con él y su talento. El drama desarrolla varias temáticas como las secuelas del antisemitismo, el desarraigo, el clima de posguerra y cómo las mismas han dejado sujetos “quebrados”, las adicciones y una fuerte crítica al American Dream, pero por sobre todo profundiza en las dinámicas de poder y las clases sociales. No es casual que quienes necesiten evadirse del cruel mundo circundante a través de la heroína sean “el judío y el negro”. Tal como expresa uno de los personajes, “este país está podrido”, el Estados Unidos que representa el filme, no es de ensueño, es un lugar putrefacto.

El Brutalista, cuyo título proviene del movimiento arquitectónico modernista y refiere a la exposición de los materiales de las obras, dada su precisión histórica y realismo algunos podrán creer que es una película biográfica, pero no lo es, ni fue la intención del director hacer una biopic. El personaje de László Tóth es ficticio, pero tan humano y con elementos tan cercanos a algunos exponentes de la Bauhaus, que todo resulta más que verosímil. Pues después de todo, no hay nada más poderoso que la verdad escénica. Parafraseando a Corbet, Tóth es un híbrido de Louis Kahn, Paul Rudolph, Marcel Lajos Breuer y Le Corbusier, y eso permite de alguna medida acceder al pasado. Es sabido que la Escuela de la Bauhaus fue hostigada por el nazismo, porque creían que ésta no coincidía con sus ideales germanos, además de considerar a su ideología como judío-socialista. El director consultó al historiador de arquitectura Jean Louis Cohen, cuyo libro Architecture in Uniform es una fuente central del guión. A diferencia de “The Brutalist” que expone su materialidad, László reprime sus sentimientos de dolor, no puede exteriorizar los traumas que ha vivido.

Dicha coproducción entre Estados Unidos, Reino Unido y Hungría, no es sólo una película, es mucho más que eso, es una experiencia cinematográfica con formas arquitectónicas que nos envuelven y contienen en esta historia. Tal como su protagonista, que intenta expresar su dolor a través de su arte, con espacios comprimidos, pero con techos altos y líneas lumínicas que se inmiscuyen.  Sí bien es cierto que su extensa duración de tres horas y media puede llamar la atención de antemano, sin embargo, al ver la totalidad uno comprende el porqué, resulta justificado. Y también se entiende porque su director Brady Corbet en la reciente entrega de los Golden Globes -al ganar los premios como Mejor Director y Mejor Película (también ganó el León de Plata en el festival Internacional de Cine de Venecia)-, habló de la importancia de que el corte final sea del director. Todo el filme tiene una búsqueda estética y autoral notable. Su grandilocuencia no es solo visual a través de sus cámaras VistaVision con formato en 70mm analógico, también posee complejas capas sonoras, con audios que otorgan datos del contexto histórico, como así también su música original es tan placentera como inquietante.

La majestuosidad de esta narración épica que abarca varios años en la vida del protagonista, lo cual la acerca a cierta tradición audiovisual, junto con su tradicional estructura dividida en: obertura, intervalo y epílogo, es decir que son principalmente dos grandes actos, con además un prólogo, un intervalo de quince minutos que posee una cuenta regresiva y un epílogo. Esto es lo más convencional que tiene la película, pues todo lo demás es novedoso y trae aires de búsqueda al cine actual. Por último, este crudo y atrapante relato posee en su epílogo quizás una suerte de revelación o de acumulación de sentido respecto a todo lo anterior que sin dudas abre varias líneas de lectura que dejaran pensando al espectador sobre todo lo acontecido anteriormente, sin dudas es una de esas pocas películas en la actualidad que permanecen con uno por largo rato.

9.0
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