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Crítica de "Toxic": Adolescencia, cuerpos, espejismos y el veneno de las promesas

En su ópera prima, la lituana Saulė Bliuvaitė retrata con mirada sensorial y política la vulnerabilidad adolescente en un entorno marcado por la precariedad y la ilusión del éxito inmediato.

Crítica de "Toxic": Adolescencia, cuerpos, espejismos y el veneno de las promesas
lunes 28 de julio de 2025

En un remoto pueblo minero de Lituania, donde la quietud no es sinónimo de paz sino de estancamiento, una adolescente debe adaptarse a una nueva vida lejos de su madre. Marija, marcada por una discapacidad y el bullyng escolar, encuentra una inesperada conexión con Kristina, la chica que al principio la agrede. Juntas ingresan en una escuela de modelaje donde la belleza, medida en gramos y poses, promete salidas mágicas hacia ciudades como París o Nueva York. Pero ese espejismo también exige sacrificios peligrosos: hambre, cuerpos vacíos, sonrisas forzadas. La protagonista empieza a transformar su andar para encajar, hasta que ya no quiere irse del lugar que, paradójicamente, todos desean abandonar.

Toxic (2024). premiada en Locarno, propone una lectura que desborda el acoso escolar y la manipulación estética para interrogar la matriz misma de la adolescencia contemporánea: una etapa de formación emocional donde los vacíos afectivos y estructurales son fácilmente rellenados por narrativas de éxito prefabricadas. BliuvaitÄ—, que pertenece a la generación puente entre los millennials y la Z, no estetiza el sufrimiento ni dramatiza el conflicto. Su puesta es sensorial, atenta a los silencios, a los temblores que no se nombran, a las conexiones que se gestan más allá de las palabras.

Lo verdaderamente tóxico, sugiere la directora, no es solo el culto al cuerpo, sino la carencia de un proyecto vital compartido. En ese sentido, el curso de modelaje funciona como síntoma y metáfora: un refugio artificial que, al mismo tiempo que empodera, somete. Es allí donde Marija logra cierta pertenencia, incluso a costa de su integridad. Y ese dilema —la necesidad de ser vista, aunque sea bajo un lente deformante— articula el núcleo sensible del film.

Sin discursos grandilocuentes ni soluciones tajantes, Toxic observa desde adentro la fragilidad de quienes buscan identidad en territorios hostiles. BliuvaitÄ— filma cuerpos, pero sobre todo cómo se construye una imagen, cómo se manipula un deseo, cómo se captura una juventud que quiere escapar y no encuentra por dónde. Un retrato generacional que, desde lo íntimo, refleja la brutalidad del sistema que define cuánto valen los cuerpos y las vidas.

7.0
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