Gaumont
Crítica de "Gala & Kiwi": Axel Cheb Terrab y un reencuentro que incomoda
“Gala & Kiwi”, dirigida por Axel Cheb Terrab, propone una narrativa teatral en clave íntima y minimalista sobre la amistad, el paso del tiempo y las tensiones que emergen en un reencuentro inesperado. Un relato generacional contado desde un departamento porteño.
La película Gala & Kiwi (2024), escrita y dirigida por Axel Cheb Terrab, construye su narrativa desde lo pequeño, desde lo contenido. Filmada íntegramente en un departamento, la propuesta explora, a través de una puesta cercana al lenguaje teatral, las tensiones que emergen en un reencuentro entre dos amigas de la adolescencia, Gala y Kiwi, separadas por el paso del tiempo y las experiencias acumuladas.
Después de varios años sin contacto, ambas protagonistas se encuentran en una noche que parece festiva: hay baile, alcohol, risas, coreografías, teatro y recuerdos compartidos. Sin embargo, lo que emerge detrás de esa superficie lúdica es un campo de fuerzas más complejo: reproches no dichos, emociones contenidas, la incomodidad de fingir normalidad. La película se pregunta si es posible reconstruir un vínculo afectivo luego de que el tiempo y las decisiones lo erosionaron.
El guion de Gala & Kiwi está estructurado con una lógica próxima al teatro: un solo espacio, unidades de tiempo concentradas y un uso predominante del diálogo como dispositivo para revelar capas emocionales. El departamento se convierte en escenario, y los cuerpos, en dispositivos expresivos al servicio de una tensión que no grita, sino que susurra. Esta elección narrativa potencia el carácter introspectivo del film y enfatiza el componente íntimo del reencuentro.
La interpretación de Agustina Cabo y Carmen Fillol se sustenta en el gesto, la pausa y el ritmo del intercambio verbal. No hay grandes escenas dramáticas, sino una tensión persistente que transcurre en la mirada, en el tono, en el movimiento mínimo. La participación de Bruno Coccia y Tomás Kirzner funciona como contrapunto, pero son Gala y Kiwi quienes sostienen el eje narrativo.
A medida que la narrativa avanza, el relato adquiere un carácter cada vez más introspectivo. La estructura habilita el acceso a las distintas capas de un vínculo resquebrajado y despliega con sutileza la complejidad de los roles involucrados. El guion no fuerza una lectura moralizante: en lugar de ofrecer respuestas, se detiene a observar. Y es en esa mirada, atenta y sin énfasis, donde emerge su potencia como expresión de una sensibilidad generacional.
Gala & Kiwi habla del tiempo no como pasado o nostalgia, sino como una presencia que habita los cuerpos. El tiempo como espacio emocional, como acumulación de experiencias que se filtran incluso en el intento de reconstruir lo que se fue.