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Crítica de “Papi (Daddio)”: Dakota Johnson y Sean Penn en un viaje aleccionador

Con una propuesta teatral, la película se las ingenia para hacer una larga reflexión existencial a través del encuentro entre un sesentón y una treintañera en un taxi.

lunes 12 de mayo de 2025

Papi (Daddio, 2023) es una de esas películas que se sostienen en el encuentro entre dos personas: dos almas que, en el transcurso de un trayecto literal e introspectivo, comienzan a revelar su mundo interior y a transformarse mutuamente.

Girlie (Dakota Johnson, quien también produce el filme) toma un taxi en el aeropuerto JFK con destino a Manhattan. Durante el recorrido por la autopista de Long Island, entabla una conversación con el taxista, Clark (Sean Penn). Lo que comienza como un intercambio casual, se convierte en una charla profunda, intimista y, en ciertos momentos, aleccionadora para ambos. La figura paterna sobrevuela toda la trama como un subtexto persistente.

La directora y guionista Christy Hall apuesta todo a la dupla protagónica, quienes cargan con el peso del relato durante todo el trayecto. Es un recorrido que, por momentos, resulta inverosímil, incómodo e improbable. Pero si el espectador logra superar ese primer obstáculo, puede encontrar pasajes narrativos atractivos.

El problema es que Daddio se presenta como una historia profunda y conmovedora, aunque no siempre logra serlo. A ratos, los diálogos suenan superficiales y limitados en su intento de explorar temas como el amor, los vínculos familiares y las experiencias de vida.

La película incluso se vuelve errática en varias ocasiones, como si la fluidez del vínculo entre los personajes se viera obstruida del mismo modo que el taxi en medio del tráfico. Los silencios incómodos, la supuesta sabiduría que choca con la realidad, y la diferencia de edades, hacen que la historia se sienta más frívola que existencial.

Sin embargo, en esos tropiezos emerge la vulnerabilidad de los protagonistas y el factor humano del relato. No a través de miradas intensas o frases “inteligentes”, sino mediante aproximaciones torpes, cotidianas. Los embotellamientos, los imprevistos del camino y las dilaciones del tiempo convierten al habitáculo en un refugio inesperado para la joven protagonista: un espacio de contención que ha buscado fallidamente en otros ámbitos.

Daddio es un viaje imperfecto: por momentos tedioso, por otros interesante, con la misma irregularidad emocional que un trayecto de regreso a casa. Su principal problema es la pretensión de ser más de lo que finalmente logra ser. Para quienes disfrutan de este tipo de encuentros con coincidencias forzadas, puede resultar una propuesta atractiva. Para quienes no, quizás sea mejor dejar pasar el taxi que conduce Sean Penn en el aeropuerto.

5.0
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