Salas
Crítica de “Biónica”: Julia Martínez Rubio entre el encierro y la IA según Sebastián Perillo
El director de “Amateur” (2016) y “Las noches son de los monstruos” (2021) se adentra en los peligros de la inteligencia artificial a través de un relato de ciencia ficción.
Biónica (2025) toma como base la obra de teatro homónima de William Prociuk, al narrar la historia de una mujer cuadripléjica que es reconstruida mediante un avanzado software. Con evidentes referencias cinematográficas, esta producción argentina revisita los ya conocidos riesgos característicos a la IA.
Emma Rodríguez Alba (Julia Martínez Rubio), una mujer con cuadriplejía, se somete a un tratamiento experimental ideado por el enigmático Doctor Wuntz (Fabián Arenillas), una mezcla entre Steve Jobs y Víctor Frankenstein. Este científico, con la ayuda de su hija Ariadna (Luciana Grasso) y su discípulo Bruno Larsen (Santiago Pedrero), aplica este revolucionario tratamiento sin anticipar sus posibles consecuencias.
La película establece un diálogo con clásicos del cine de ciencia ficción, desde Blade Runner (1982) hasta Ex Machina (2014) de Alex Garland, pasando por Lucy (2014) de Luc Besson. Estas referencias exploran las posibilidades tecnológicas que desafiaban los límites de la vida y la muerte, mostrando al ser humano en un intento por emular a su creador.
Sin embargo, Biónica adquiere una identidad propia. En primer lugar, su lograda y pulcra estética en el diseño del laboratorio la distingue de otras producciones nacionales. Por otro lado, alcanza niveles que transgreden las fronteras éticas y morales combinadas exploradas en este tipo de relaciones. Hay cierta experimentación sexual, que recuerda a Pobres criaturas (2023), en el desarrollo de esta mujer artificialmente perfeccionada.
Más allá de las comparaciones, un aspecto destacable de Biónica es el tratamiento del encierro. La protagonista, inicialmente confinada a una silla de ruedas, obtiene un cuerpo que le permite correr y bailar. Los médicos, por su parte, están aislados en su laboratorio, regidos por su lógica científica. La vida exterior se presenta como un oasis anhelado, un espacio de liberación y experimentación en todas sus formas.
En este sentido, la película de Sebastián Perillo, aunque quizás no deslumbre en todos sus aspectos, se suma a la larga lista de películas que plantean interrogantes sobre los avances tecnológicos y sus imprevisibles consecuencias para la condición humana.