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Crítica de “Vi el brillo del televisor (I Saw The TV Glow)”: Cuando la pantalla disuelve la realidad

La realizadora Jane Schoenbrun nos entrega una extraña y fascinante rareza producida por A24, que atrapa al espectador en la historia de dos amigos inmersos en un programa de televisión de los noventa.

viernes 18 de abril de 2025

Vi el brillo del televisor (I Saw The TV Glow, 2024) narra la historia de Owen (interpretado por Ian Foreman en su juventud), un chico de 12 años cuya vida cambia al conocer a Maddy (Brigette Lundy-Paine), una joven de 15 años completamente fascinada por la serie televisiva “Rosa opaco (The Pink Opaque)”. Debido al horario de protección al menor en el que se emite, Owen no puede ver el programa, por lo que Maddy se encarga de grabárselo en VHS y enviárselo por correo. En ocasiones, incluso lo invita al sótano de su casa para verlo en directo. La serie en cuestión narra la historia de dos chicas que luchan contra un villano con poderes extraordinarios, el Señor Melancolía.

Esta sinopsis describe solo una parte de la peculiaridad que encierra Vi el brillo del televisor. La película funciona como una reflexión sobre las identidades que se forjan a partir de la influencia omnipresente de la televisión en la adolescencia, a menudo eclipsando la de padres o maestros. En este proceso, el filme se presenta como una extraña y evocadora película coming-of-age, explorando la experimentación adolescente como una aventura cargada de miedos y deseos proyectados en la pantalla.

En esta línea, la película de Jane Schoenbrun (previamente conocida por We're All Going to the World's Fair, 2021) establece un diálogo inquietante con filmes como Donnie Darko (2001) o Eraserhead (1976). Con una distancia temporal de casi 25 años entre cada una, Vi el brillo del televisor parece compartir un espíritu de época terrorífico, capturando una sensibilidad que estas producciones supieron plasmar a la perfección. La sombría reflexión “Creo que nací triste”, deslizada en un momento del filme, resuena profundamente.

El terror y las pesadillas se entrelazan de forma indistinguible entre la pantalla y la realidad de los protagonistas. Esta fusión distorsiona sus identidades, moldeándolas con tintes de depresión y ansiedad, enmarcadas en espacios de soledad y encierro. El diálogo “¿Te gustan los hombres o las mujeres? Me gusta la televisión”, ilustra esta absorción por el medio.

El filme despliega un tratamiento visual surrealista y artificioso, saturado de luces brillantes que evocan la fascinación hipnótica de los antiguos televisores de rayos catódicos, como si su luz penetrara directamente en el subconsciente del espectador. La realidad se deforma a través de saltos temporales y la ruptura ocasional de la cuarta pared, donde el protagonista interpela directamente al público. La estética de los noventa, con sus luces flúor y violetas, adquiere una cualidad onírica y surrealista que inevitablemente remite al universo de David Lynch.

Vi el brillo del televisor también se revela desgarradora en su propuesta. No ofrece consuelo a una generación marcada por la influencia de las pantallas en la construcción de identidades ficticias, superficialmente felices y ligadas a objetivos de consumo. Todo esto se narra con una estética visual atractiva, tan sorprendente como imprevisible, dejando una sensación persistente de inquietud y reflexión.

9.0
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