Salas
Crítica de "Daaaaaalí!": Un sueño que viaja desde la mente de Quentin Dupieux
Una película cargada de surrealismo onírico, donde el artista y su obra se funden en una sola entidad.
Quentin Dupieux parece haber nacido para hacer una película en la que Dalí sea el protagonista. No importa cómo ni por qué, lo cierto es que, inevitablemente, ambos parecen estar destinados el uno al otro. El movimiento surrealista es la máxima inspiración de este director, y en Daaaaaalí! (2024) adquiere su punto supremo.
La trama sigue a una periodista que coordina una serie de entrevistas con Salvador Dalí, pero una cantidad de situaciones impredecibles impide que el encuentro se desarrolle como el artista espera, aunque nada queda completamente claro. Imaginar un mundo sin tiempo ni espacio tal como lo conocemos ayuda a pensar de una forma que normalmente no hacemos, y esa es la mayor fuerza de la película.
Estéticamente, Daaaaalí es un pastiche de obras de arte que inspiran al mundo, y no al revés. Dalí pinta lo que ve, y sus ojos parecen captar una realidad que no está al alcance de todos. El guion podría considerarse la parte más floja, siempre y cuando el espectador espere resoluciones o explicaciones coherentes (lo cual no debería ser el caso). Una introducción, un nudo y un desenlace no son lo que se debe buscar en una película de Dupieux.
Los personajes no evolucionan ni involucionan, simplemente se dejan llevar por las situaciones que los atraviesan: una entrevista imposible, una casa inexplicable, el paso del tiempo de manera ininteligible y sueños dentro de sueños que mantienen a la audiencia en alerta, ya que nunca se sabe qué sucederá a continuación. De igual manera, quienes no disfruten de este estilo tan peculiar podrían perder el interés antes de llegar al primer cuarto de hora.
Daaaaalí es una película sensitiva, y la mejor sensación que deja es que el genio artístico de Salvador Dalí obliga a mirar el mundo desde una perspectiva distinta, algo que también logra el cine de Dupieux, convirtiendo este encuentro surrealista en algo tan inevitable como inexplicable, para el bien de todas las artes.