Salas

Crítica de "La persecución": Un thriller en el que la víctima es la experiencia educativa

La coproducción franco-belga es una transposición de un hecho real vivido por el director, y resulta exitosa en tanto logra retratar de cerca la paulatina caída en desgracia de un docente acusado de acoso pero sin inclinarse a tomar partido por ninguno de los actores involucrados.

jueves 06 de marzo de 2025

Julien Keller es un profesor de francés de una escuela secundaria cuya carrera comenzó recientemente. A partir del momento en el que una de sus estudiantes presenta una denuncia por acoso en su contra y mientras la situación va escapando a su control, Julien intentará resistir desde su puesto de trabajo.

Dirigida por Teddy Lussi-Modeste y coescrita con Audrey Diwan, La persecución (Pas de vagues, 2024) es una coproducción franco-belga basada en una historia real vivida por el director. El título elegido para la distribución en el país coincide con el abordaje de la realización: La persecución pendula entre el drama psicológico y el thriller. Tanto el enfoque escogido como la temática nos llevan inevitablemente a pensar en la brillante La cacería (2012), en la cual Thomas Vinterberg retrató el vertiginoso descenso psicológico y social que experimenta un docente luego de haber sido denunciado de abuso por una niña. La película de Lussi-Modeste se corre (casi) totalmente de la acusación de acoso para explorar otras problemáticas: la docencia frente adolescentes, las condiciones socioculturales que atraviesan a los estudiantes, el abordaje de la educación sexual, la precariedad en la que se desarrolla la labor docente y el balance entre la vida pública y una vida privada atravesada por las redes sociales.

El film describe exitosamente una situación compleja, sin reduccionismos. Este es un gran logro del guión, especialmente considerando que se basa en un caso real. Quedan expuestas todas las causas y las consecuencias del hecho. No hay héroes ni víctimas; todos los actores tienen cierta responsabilidad, todos van perdiendo el control a medida que avanza la historia.

En su rol protagónico François Civil logra transmitir los miedos, las convicciones y las contradicciones de su personaje. La presión a la cual es sometido se vuelve tangible. Asistimos al proceso mediante el cual pierde progresivamente la esperanza que había depositado en la potencia transformadora de la experiencia educativa, el respeto de sus alumnos, la confianza de sus pares y el control sobre su vida privada. Lo vemos sentirse amenazado por las familias y desprotegido por los directivos. Todas las escenas que transcurren en el aula son muy tensas, y en este punto es especialmente interesante la labor actoral de los adolescentes y la dinámica que se genera en la interacción con el protagonista. La realización de la película es elegante; las decisiones técnicas que se salen de la norma (algunas de ellas, resultando en momentos de gran belleza visual) son breves, y están tomadas en favor de destacar no más que un puñado de situaciones relevantes.

En la escena que da nombre al film, el director de la institución le pide al docente que “no haga olas” (“pas de vagues”), una expresión que hace referencia a la actitud de evitar un comportamiento que pueda resultar conflictivo, para de esta manera atenuar sus posibles efectos. El uso de esta expresión proviene del hashtag #pasdevagues, una forma de manifestación adoptada por docentes franceses en 2018 denunciando la violencia sufrida en las aulas, desoída por quienes ocupan cargos de jerarquía. La película coloca a la escuela como la institución que cristaliza los problemas arraigados en el seno mismo de la sociedad (las diferencias de clase, religiosas e ideológicas, la violencia, la intolerancia en todas sus formas, la resignación); a la vez, la sostiene como el lugar mismo en el que se pueden formar perspectivas nuevas en los ciudadanos.

El desenlace de la película, que podría haber sido el momento más débil a nivel narrativo, es, sin embargo, sorpresivo e interesante, y nos invita a pergeñar modos de cerrarle la puerta a aquello que engendra la violencia.

 
 
7.0
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