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Crítica de "La virgen roja": El fanatismo materno en la tragedia de Hildegart Rodríguez con una deslumbrante Nawja Nimri

En su quinto largometraje, Paula Ortiz nos sumerge en la dramática y real historia de Aurora Rodríguez y su hija Hildegart, concebida como un experimento eugenésico en la España de la Segunda República. Con un guion de Clara Roquet y Eduard Solá, y destacadas actuaciones de Nawja Nimri y Alba Planas, "La virgen roja" (2024) explora el peligroso límite entre el idealismo extremo y la destrucción personal.

sábado 07 de diciembre de 2024

La virgen roja es una película sobre posesión y fanatismo, dirigida por Paula Ortiz en su quinto largometraje. Ortiz, nominada al Goya en 2011 como Mejor Dirección Novel por su ópera prima De tu ventana a la mía, presenta en esta ocasión un drama —o tal vez una tragedia— que aborda desde una nueva perspectiva la relación entre Aurora Rodríguez y su creación eugenésica, un relato ya explorado por Fernando Fernán Gómez en clave de thriller judicial en Mi hija Hildegart.

Ambientada en las primeras décadas del siglo XX, la película sigue a Hildegart Rodríguez Carballeira, interpretada de manera convincente por Alba Planas, quien es concebida y educada desde su nacimiento para ser la "supermujer" del futuro, una versión femenina del superhombre de Nietzsche. Nawja Nimri ofrece una magistral interpretación como Aurora, la madre enloquecida y posesiva de Hildegart, en una actuación que parece apuntar a ser candidata al Goya a Mejor Actriz Protagonista en 2025. Aurora, atrapada en su obsesión, verá a su hija convertirse en una de las mentes más brillantes de la España republicana y una figura clave en el debate europeo sobre la sexualidad femenina.

A los 18 años, tras licenciarse en Derecho, escribir varios ensayos y prepararse para estudiar Medicina, Hildegart comienza a explorar su libertad personal y descubre el amor en Abel (Patrick Criado), lo que desata el conflicto con su madre. Aurora, aterrada ante la posibilidad de perder el control sobre su "proyecto", hará todo lo posible por impedir que Hildegart se aleje. Lo que sigue es un enfrentamiento entre madre e hija durante una noche de verano en 1933, que culmina de forma trágica y pone fin al "Proyecto Hildegart". Aunque el final es conocido, la película logra mantener la tensión a lo largo de esta historia real que, a pesar de su inverosimilitud, se siente profundamente humana.

El uso de la cámara en La virgen roja resulta esencial para transmitir la intimidad entre madre e hija. Los primeros planos permiten al espectador sumergirse en sus emociones, mientras que la puesta en escena busca constantemente el punto de vista de ambas, acercándolas al público.

Paula Ortiz ha sabido nutrir sus guiones con influencias de la poesía y la literatura, como lo demuestran las referencias a autores como Carmen Martín Gaite, Lorca, Juan Mayorga y Ernest Hemingway. En su presentación en el Festival de San Sebastián, la directora explicó que el hecho de que La virgen roja esté basada en una historia real supuso un reto particular. También subrayó la relevancia de poder reflejar la inquietud cultural, política y social de la Segunda República.

Como apuntó Ortiz: "Las grandes ideologías y los grandes ideales, por muy ilusionantes y luminosos que sean, son peligrosos cuando se vuelven rígidos, cuando se transforman en estructuras férreas, dogmáticas, totalitarias que pasan por encima de la persona. Cuando una ideología se convierte en un experimento, en un proyecto, como decía Aurora, toda idea, por más luminosa que sea, es susceptible de volverse un acto cruento."

Eso es precisamente lo que resulta tan fascinante de la historia de Aurora y Hildegart: su aterradora veracidad, que ahora se nos presenta con una mirada íntima y conmovedora en La virgen roja.

9.0
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