Festival de Cine de Morelia
Crítica de "Violentas Mariposas": Retrato fallido de una generación rebelde
La ópera prima de Adolfo Dávila, "Violentas Mariposas" (2024), intenta capturar la esencia de la juventud inconformista en México. Sin embargo, el discurso se desdibuja, con una narrativa que se enreda y personajes que no logran transmitir la profundidad de sus luchas.
Violentas Mariposas, dirigida por Adolfo Dávila, tiene la intención de mostrar una mirada crítica a la juventud actual y su relación con el sistema de justicia en México. No obstante, la película queda atrapada en una serie de mensajes repetitivos y personajes que parecen más caricaturas de la inconformidad que reflejos genuinos de las complejas emociones juveniles.
En el centro de Violentas Mariposas están Eva y Viktor, dos jóvenes universitarios que se encuentran en un túnel mientras él pinta un grafiti: “Orugas sumisas en violentas mariposas se han convertido”. Este encuentro inicial captura lo que será la dinámica de sus personajes, un vínculo basado en el descontento mutuo y la falta de claridad en sus propias ideas.
Eva es una estudiante de Derecho y vocalista de una banda punk, quien cree en cambiar el sistema desde adentro. Su contraparte, Viktor, es un estudiante de Filosofía con inclinaciones anarquistas, pero su retórica y acciones reflejan una visión inconsistente y llena de contradicciones.
Dávila intenta ilustrar el espíritu rebelde de una generación, pero el resultado es un discurso inconexo y fragmentado. En vez de mostrar a jóvenes con una identidad definida y comprometida, vemos personajes que se pierden en discursos de nihilismo forzado y actitudes irreales. La película repite constantemente la idea de que "la justicia no llega a todos", pero falla en explorar cómo los personajes podrían enfrentar este dilema con acciones que resuenen emocional y socialmente.
La falta de profundidad en los personajes afecta el impacto del conflicto central. Viktor habla de cambios violentos, pero carece de un sustento ideológico claro; Eva, por su parte, representa a quienes buscan justicia dentro de los límites del sistema. Sin embargo, sus motivaciones se ven opacadas por un guion que parece más interesado en gritar su mensaje que en construir una narrativa coherente.
Si bien Violentas Mariposas tiene deficiencias en su estructura narrativa, destaca en aspectos visuales. La fotografía es uno de los puntos fuertes, con un cuidado especial en la ambientación y la iluminación que logran transmitir la austeridad y tristeza que permea en los personajes.
Asimismo, el trabajo de Diana Laura Di, quien interpreta a Eva, es uno de los elementos salvables de la cinta. Su entrega al personaje y su esfuerzo por darle matices a la complejidad de Eva aportan un poco de autenticidad en medio de un diálogo que a menudo parece demasiado artificial.
Violentas Mariposas intenta dar voz a una generación que lucha y desafía las normas, pero no consigue ir más allá de la superficie. Aunque la propuesta visual es atractiva, el discurso carece de fuerza y coherencia, dejando a los espectadores sin una verdadera conexión emocional con los personajes o su causa.