Una reflexión social desde el caos
"Guasón 2: Folie à Deux": Un espejo de la soledad moderna y el declive social
"Guasón 2: Folie à Deux" (Joker: Folie à Deux, 2024) no es solo una secuela, es una profunda metáfora sobre la soledad y la desconexión que dominan la sociedad contemporánea. Todd Phillips nos sumerge en un mundo que ha olvidado el amor, donde el individualismo ha reemplazado las conexiones humanas, dejando a su paso el caos y la desesperación.
Vivimos en una época en la que el amor parece una reliquia. En Guasón 2: Folie à Deux, Todd Phillips no solo nos entrega una secuela, sino una reflexión profunda sobre la desintegración del tejido social. En un mundo que se desmorona bajo el peso del individualismo, Guasón 2: Folie à Deux se transforma en una metáfora de la desesperación de una sociedad que ha olvidado el amor. No se trata de una historia de amor tradicional, sino de la búsqueda de una conexión en medio del caos, del clamor del "yo" en un mundo indiferente a las súplicas colectivas.
Al igual que Arthur Fleck, todos nos sentimos como personajes aislados, inmersos en una soledad que nos devora. Como afirmaba Kierkegaard, "la angustia es el vértigo de la libertad", y en Guasón 2: Folie à Deux, Arthur se enfrenta a una libertad que lo desborda, que lo asfixia. Su rebelión no surge de un deseo por la anarquía, sino de la incapacidad de sobrellevar la soledad que le impone la sociedad moderna.
No obstante, la película no está desprovista de esperanza. Aquí entran en juego las referencias a Bob Fosse y la música del Rat Pack, que actúan como anclajes nostálgicos. En la era dorada del cine, cuando Frank Sinatra cantaba sobre las estrellas, parecía existir un sentido de pertenencia. En Guasón 2: Folie à Deux, esa música y la estética de Fosse funcionan como un recurso visual y emocional, un contraste que nos recuerda lo que hemos perdido: una época en la que el amor, el romance y la conexión aún eran posibles.
Sin embargo, el Guasón y su desesperación nos muestran cuán profundo es el abismo en el que estamos. En un interesante paralelismo con John Lennon, vemos que ambos representan figuras rebeldes, pero desde enfoques diametralmente opuestos. Lennon creía en el amor y en la posibilidad de una sociedad pacífica, capaz de sanar a través de la comunión humana. El Guasón por el contrario, es el producto de una sociedad que ha rechazado esa posibilidad, abrazando el egoísmo como su estilo de vida.
Nietzsche ya lo había anunciado: "Dios ha muerto". Y con él, también murió el sentido de comunidad, la posibilidad de creer en un ideal compartido. Ahora vivimos bajo el mandato de la voluntad individual, un mandato que, lejos de liberarnos, nos ha condenado a una existencia atomizada. Arthur Fleck, en su papel de nietzscheano postmoderno, encarna esa voluntad. Una voluntad que, al no encontrar amor en el mundo, se convierte en autodestrucción.
Pero hay un paralelismo aún más profundo que convierte a Guasón 2: Folie à Deux en una película especialmente relevante para nuestro tiempo: su comparación con El Jockey (2024) de Luis Ortega. Ambos films nos muestran personajes que se mueven en los márgenes, luchando por encontrar un sentido en un mundo que parece haberlos olvidado. En El Jockey, Ortega construye un relato donde la soledad y la autoafirmación se vuelven centrales, un reflejo de la vida contemporánea. Guasón 2: Folie à Deux lleva esta temática al extremo: en una sociedad donde las conexiones humanas han sido sacrificadas en el altar del individualismo, lo único que queda es la desesperación.
Si profundizamos más, Guasón 2: Folie à Deux nos habla de la reencarnación, no en un sentido literal, sino en la idea de ciclos interminables. Arthur Fleck se convierte en el eterno retorno del caos, una figura que resurge una y otra vez como resultado de una sociedad incapaz de aprender de sus errores. Somos testigos de la reencarnación de la locura y la desesperación, y de una paternidad simbólica en la que la sociedad misma ha "engendrado" a figuras como el Guasón
Aquí Kierkegaard vuelve a ser relevante: "El que no se atreve a perderse nunca encontrará nuevas tierras". En Guasón 2: Folie à Deux, vemos a un hombre completamente perdido, que ha abrazado su abismo interior. Sin embargo, mientras Kierkegaard sugiere que esta pérdida podría llevarnos a algo mayor, como la fe o una nueva comprensión de nosotros mismos, el Joker solo encuentra violencia y caos.
Finalmente, surge la pregunta: ¿qué nos está diciendo el cine actual? Tal vez no sea demasiado tarde. Así como Noé construyó su arca para salvarse del diluvio, el amor podría ser nuestra salvación en un mundo que se ahoga en la soledad. Guasón 2: Folie à Deux nos advierte que, aunque frágil y aparentemente anticuado, el amor es nuestra única esperanza. Si no logramos reconectarnos y redescubrir el sentido de comunidad y afecto, el futuro que nos espera será el del caos y la desesperación.