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Crítica de "Invictus": Intolerancia Racial

El nuevo film de Clint Eastwood, "Invictus" (2009),, utiliza el sueño americano para retratar la lucha de Nelson Mandela (Morgan Freeman) para terminar con la intolerancia racial en su país, evidenciando la dura convivencia de diferentes sectores de la sociedad de distintos colores de piel, obligados a vivir en armonía por el presidente electo.

Crítica de "Invictus": Intolerancia Racial
sábado 25 de enero de 2025

Cuando Nelson Mandela asume la presidencia de Sudáfrica, enfrenta la compleja tarea de unificar a una nación atravesada durante años por la injusticia racial. En ese contexto, impulsa al hasta entonces relegado equipo nacional de rugby a destacarse en el próximo campeonato mundial, que se disputará en su propio país. Se trata de una estrategia política orientada a construir un objetivo común para sectores históricamente enfrentados de la población: el Mundial de Rugby.

Esa misma lógica es la que Clint Eastwood traslada al plano cinematográfico para exponer la resistencia social frente a la convivencia bajo nuevas reglas. Para ello, articula dos universos que funcionan como representación del conjunto social y que deben aprender a coexistir: el equipo de rugby y el cuerpo de guardaespaldas presidenciales. No es casual la elección. Ambos grupos están ligados al ejercicio de la fuerza y a una lógica de confrontación como forma de subsistencia.

El seleccionado de rugby ha sido, históricamente, un espacio dominado por blancos. Con un solo jugador negro en sus filas, el equipo debe aceptar los lineamientos de Mandela, figura que para ellos encarna a la otra mitad del país. En sentido inverso opera el caso de los custodios: al asumir el nuevo presidente, el cuerpo de seguridad está conformado exclusivamente por hombres negros, pero Mandela ordena la incorporación de agentes blancos, forzando a los sectores más duros a aceptarse y trabajar en conjunto.

A partir de estos cruces, Eastwood construye el discurso pacifista de Mandela y su proyecto de reconciliación nacional, aunque recurra para ello a una estructura narrativa reconocible. El sueño del líder sudafricano se traslada al equipo de rugby y se canaliza a través de su capitán, interpretado por Matt Damon. Tanto el discurso inicial de Mandela como el del capitán reproducen una misma idea: la lucha, el esfuerzo y la posibilidad de triunfo como motores de cohesión social. Un planteo que, visto desde el presente, resulta en cierto modo atemporal.

Más allá de estas operaciones narrativas, que introducen una mirada ajena al contexto africano, Eastwood construye un relato de trazo clásico, directo y eficaz. Incluso con la historia situada en África, el film se inscribe dentro de una tradición reconocible del cine norteamericano, ofreciendo un entretenimiento sin fisuras, sostenido por una puesta en escena que prioriza la claridad del mensaje y el recorrido de sus personajes.

6.0
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