Salas
Crítica de “Wildwood: El bosque salvaje”: Un viaje fantástico con la magia artesanal de Laika
Travis Knight dirige una aventura de animación en stop-motion que recupera la eficacia de los relatos clásicos y deslumbra con su minucioso diseño visual.
Wildwood: El bosque salvaje (Wildwood, 2026) es otro notable trabajo de la productora Laika, la misma responsable de Coraline y la puerta secreta (Coraline, 2009), ParaNorman (2012) y Los Boxtrolls (2014), entre otras. Dirigida por Travis Knight, se trata de un relato en donde la narración clásica fluye y la técnica asombra. Al lado del gigante Pixar, el estudio Laika estrena animaciones en stop-motion de manera más espaciada. Ese tiempo de espera entre filme y filme se nota en cada nueva apuesta; se percibe en el minucioso tratamiento de la imagen, con narraciones que van mucho más allá del imaginario infantil y aspiran a ser disfrutables por todas las edades.
La película de Knight, en ese sentido, tiene dos marcas singulares: su nivel de truculencia claramente no es apto para un espectador menor de 6 años y, a la vez, su duración de 132 minutos desafía los estándares (en general, de 90 minutos) para esta clase de producciones. Hecha esta advertencia, también es necesario señalar que el mejor visionado para esta película es en una sala cinematográfica y, en lo posible, en versión subtitulada para poder disfrutar de los trabajos de Peyton Elizabeth Lee, Carey Mulligan, Jacob Tremblay, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Richard E. Grant y Tom Waits, entre otros.
Hechos los señalamientos previos, ¿sobre qué trata Wildwood? Con un guion desarrollado a partir de la novela de Colin Meloy, la historia —que tiene mucho en común con el clásico Laberinto (Laberynth, 1986) de Jim Henson— sigue el derrotero de Prue, una preadolescente de Portland a la que sus padres (de hermoso diseño de personalidades, decididamente hippies) le encomiendan el cuidado de su pequeño hermanito. Sin llegar a pedir que alguien "se lo lleve", como hacía la Sarah del citado filme, no les hace caso y lo saca de la casa para poder pasear un poco. Allí afuera es capturado por una temible bandada y la chica tendrá que ingresar al bosque para lograr recuperarlo.
Ese bosque, con su tiempo mítico (que el propio devenir de la trama nos hará conocer), esconde sus secretos y sus disputas de poder, sobre todo alrededor de la poderosa Alexandra, una mujer obsesionada con recuperar al hijo que perdió y cuyo odio provoca todos los desajustes de la historia. Más allá de que el argumento sigue el clásico esquema de postas y de sumatoria de adversarios, pero también de aliados, está lo suficientemente bien desarrollado como para sostener muy bien la intriga. Por otra parte, los personajes (tanto principales como secundarios) están muy bien delineados, por más que haya algunas "concesiones", como la infaltable materia cómica centrada en el algo insoportable pero, en definitiva, adorable compañero de clase de Prue, quien se suma de manera involuntaria en la búsqueda del pequeño.
Wildwood: El bosque salvaje es la prueba de que los relatos clásicos, bien calibrados y con una buena producción, siguen funcionando sin necesidad de gestos disruptivos que muchas veces no encuentran punto de comunión con aquello que se narra. Su Wildwood nos religa con el poder de lo ancestral, con la trama vincular como punto de identificación, en esta ocasión con un deslumbrante diseño de imagen que nos hace sentir parte nodal de la aventura.