Salas

Crítica de "4 historias increíbles": Enrique Rottenberg y una comedia absurda sobre el amor en tiempos de control

En "4 historias increíbles" (2026), dirigida por Enrique Rottenberg, la comedia y el absurdo se cruzan para examinar la necesidad contemporánea de anticiparse al fracaso vincular. A través de cuatro relatos protagonizados por Héctor Díaz, la película indaga en la obsesión por controlar la incertidumbre y eliminar el margen de lo imprevisible en las relaciones afectivas.

Crítica de "4 historias increíbles": Enrique Rottenberg y una comedia absurda sobre el amor en tiempos de control
martes 27 de octubre de 2026

La búsqueda de pareja funciona en la pantalla como el síntoma de una resistencia mayor: el rechazo a la vulnerabilidad que impone el encuentro con el otro. Héctor Díaz encarna a un hombre cercano a los cincuenta que transita cuatro situaciones donde las reglas de lo real quedan suspendidas mediante dispositivos extraordinarios, desde una condición médica que vuelve irrepetibles las palabras hasta una aplicación capaz de leer pensamientos, pasando por intervenciones cerebrales y un espejo adivino. Cada segmento expone una variación sobre un mismo obstáculo: la ilusión de que acumular datos sobre la intimidad equivale a saber cómo habitarla. Lejos de resolver el conflicto de la convivencia, cada recurso tecnológico o fantástico amplifica la distancia entre los sujetos y revela el impulso secreto de acomodar al otro a las propias expectativas.

El espesor cómico de la propuesta se concentra en aquellos pasajes donde el absurdo no anticipa el resultado, sino que deja al descubierto la contradicción de los vínculos. En el segmento inicial, anclado en una condición que impide repetir las palabras durante una cita, el humor surge del intercambio y de la urgencia por ser escuchado en un territorio donde la lengua se vuelve finita. Del mismo modo, el episodio de la aplicación que descifra la mente desplaza el eje desde la comunicación hacia la posesión, demostrando que conocer los pensamientos ajenos no aplaca el deseo de control, sino que le otorga nuevos argumentos a los celos. En ambos pasajes, la dirección de Enrique Rottenberg permite que el dispositivo fantástico ceda espacio a la tensión entre los cuerpos, evitando que la tesis del relato opaque el pulso de la comedia.

En cambio, las piezas estructuradas en torno al médico que rediseña cerebros y al espejo que vaticina el abandono evidencian las limitaciones de una puesta en escena subordinada a la demostración conceptual. Al plantear la fabricación de una pareja ideal o la condena inevitable de una separación anunciada, el relato reduce a los personajes femeninos a funciones de ajuste o rivalidad, apoyándose en lugares comunes sobre la sustitución y el control masculino. En estos segmentos, la premisa se anticipa al desarrollo y la comedia pierde flexibilidad, atrapada por un esquematismo que prioriza el efecto de la idea por sobre el recorrido dramático de los sujetos.

La película alcanza su mayor lucidez cuando comprende que la hipercomunicación contemporánea no garantiza el entendimiento, sino que expone la dificultad radical de aceptar al otro en su opacidad. A pesar de los desniveles propios de su formato episódico, la propuesta de Enrique Rottenberg trasciende el mero enredo para interrogar las formas en que el deseo contemporáneo intenta domesticar el azar. Acceder a una intimidad no concede derechos sobre ella.

6.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS