Reestreno

Crítica de "Mamá": Andy Muschietti, el miedo a cuidar y la imposibilidad de soltar

Con Jessica Chastain y producción de Guillermo del Toro, "Mamá" encuentra en la disputa por la maternidad un conflicto que sostiene el relato. Pero la insistencia en explicar el origen de la amenaza y exhibir a la criatura reduce el espacio de incertidumbre del que nace el miedo.

Crítica de "Mamá": Andy Muschietti, el miedo a cuidar y la imposibilidad de soltar
martes 27 de octubre de 2026

En Mamá (2013), hacerse cargo de dos niñas implica aceptar también aquello que las mantuvo con vida. Esa relación entre el cuidado y la amenaza organiza el debut de Andy Muschietti: el ser que provoca terror ocupa, para Victoria y Lily, el lugar de una madre. El conflicto aparece cuando otros adultos intentan asumir esa función y descubren que el vínculo establecido durante el abandono sigue vigente.

Después de desaparecer de la vida de su familia, las hermanas son encontradas en una casa en el bosque. Sus movimientos y su manera de relacionarse dan cuenta del tiempo transcurrido fuera de la convivencia con otras personas. Sin embargo, entre los dibujos en las paredes y las conductas que los adultos intentan interpretar, surge una pregunta que excede la intervención del psicólogo: quién las cuidó durante esos años.

Bajo la tutela de su tío Lucas —Nikolaj Coster-Waldau— y de Annabel —Jessica Chastain—, las niñas regresan a un entorno familiar. La mudanza, sin embargo, no interrumpe la presencia que las acompañaba. Muschietti construye el suspenso a partir de esa continuidad: aquello que los adultos perciben como una intrusión forma parte de la experiencia cotidiana de las hermanas. La casa se convierte así en el territorio de una disputa por el afecto y la pertenencia.

Chastain sostiene el conflicto desde un personaje que no había elegido la maternidad. Annabel debe aprender a convivir con las niñas sin que el guion pueda dar por sentado un instinto de cuidado. Sus resistencias y acercamientos permiten que la relación se construya mediante acciones. Allí encuentra la película una fuente de tensión que va más allá de la aparición del monstruo: cuidar supone establecer un vínculo con quienes todavía reconocen otra autoridad materna.

Esa dimensión pierde espacio cuando el relato comienza a reconstruir el pasado de la aparición. La investigación aporta causas y antecedentes, pero también convierte la incertidumbre en información. Cada explicación delimita lo que antes podía imaginarse; cada nueva exhibición de la criatura vuelve más previsible su presencia.

Algo semejante ocurre con los recursos para provocar miedo. Las irrupciones, los cambios de sonido y las apariciones cumplen su función, aunque la reiteración permite anticipar el mecanismo. La película consigue sostener el interés por lo que une a las niñas con esa presencia, pero no siempre encuentra cómo trasladar esa tensión a las escenas de terror.

En las secuencias de sueño, Muschietti trabaja con imágenes que suspenden la lógica de la investigación y recuperan la posibilidad de sugerir. Cuando busca desarrollar la atmósfera de su cortometraje de 2008 mediante explicaciones y una mitología, en cambio, la narración acumula respuestas que debilitan el misterio.

El desenlace lleva esa contradicción hasta el centro de la puesta en escena. La exposición de la criatura y el despliegue de efectos desplazan el miedo hacia el melodrama y pueden quebrar la tensión. Aun así, la resolución retoma la pregunta que atraviesa la película: qué sucede cuando el deseo de proteger se vuelve incapaz de aceptar una separación. Mamá encuentra allí su conflicto, aunque con frecuencia lo cubra de explicaciones y sobresaltos.

4.0
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